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[Entrenamiento] Aprendiendo a ser genin
#1
Tori caminaba junto a su padre, con la cabeza agachada y las manos en los bolsillos de su pantalón, arrastrando los pies y con el ceño fruncido. Sin pretenderlo, dejaba claro al mundo las pocas ganas que tenía de estar allí. No quería que la vigilaran mientras entrenaba, pero sus padres medían sus progresos con meticulosidad. Aunque Tori estaba segura de que, si no estuvieran observándola, lo haría mucho mejor.

<<En la vida real la gente te observa, tonta, no puedes pedirle a un enemigo que cierre los ojos mientras preparas tu técnica>> se reprendió mentalmente. Casi le parecía oír en esas palabras la voz de su madre y se irritó aún más: no tenía el control de su vida ni en su mente.

-Ya estamos, vamos a comenzar, a ver si has mejorado desde la última vez -ordenó su padre. El tono del hombre pretendía ser amable, él estaba seguro de que le hacía un favor con su supervisión.

-Claro, padre -respondió ella, frunciendo los labios y con cierto tono sarcástico. Era a lo más lejos que había llegado en su rebeldía.

La muchacha comenzó a estirar los músculos.Había caminado un buen rato hasta allí, pero se sentía entumecida. Siempre había sido flexible, pero con los años las horas de estudio aumentaban y las de entrenamiento disminuían, por lo que había ido perdiendo su capacidad.

-Vamos, Tori, se nos hará de noche -la instó su padre, impaciente.

La chica aceleró sus estiramientos, pero no los detuvo. Estaba harta de tantas órdenes. Cuando hubo acabado se acercó a su padre y este le señaló un árbol seco, bastante delgado. La muchacha sabía lo que tenía que hacer, no se iría de allí hasta que esa madera muerta fuera astillas. Suspiró profundamente, acabaría llena de sangre. No conocía técnicas ofensivas de ninjutsu, así que tendría que darle golpes hasta que fueran saltando las esquirlas.

-Bien, padre… -susurró, sintiendo la ira bullir en su cuerpo. Igual, si se imaginaba que él era el árbol, se le hacía menos duro. 

Fingió que se concentraba mientras intentaba calmar su frustración. Pensó que algún día sería adulta, sería una ninja de élite y sería ella quien diera las órdenes. Aunque ella no fuera un genio, se esforzaría para llegar. Entrecerró los ojos y dirigió una mirada dura a su padre: algún día ella sería mejor.

Estadísticas e inventario

Nivel: 2
Fuerza:
10
Resistencia:
10
Velocidad:
10
Agilidad:
10
Destreza:
10
Presencia:
10
Inteligencia:
10
Control de chakra:
10

Vida: 60 Chakra: 70 Estamina: 78

No hay objetos en el inventario.

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#2
El primer golpe fue más fuerte de lo que había calculado, una alimaña salió del interior del árbol muerto, con aspecto asustado y huyó. Tori se sintió mal por el animal, pero su padre asintió con aprobación y no pudo evitar una sonrisa de satisfacción. 

Le dolía la zona del impacto, pero no se dejó amilanar, se preparó y lanzó el siguiente. A pesar de su determinación, no pudo mantener el nivel del anterior. Escuchó el suspiro decepcionado que se le escapó al hombre detrás de ella, pero se negó a que le afectara. <<Solo es su opinión, solo es su opinión. Estoy mejorando a mi ritmo>> se dijo, y continuó, golpe tras golpe, hasta que vio saltar los primeros cachos de madera. 

-No está mal, pero es muy mejorable -reprobó su padre, cuando Tori se sentó por fin a descansar, mientras la miraba desde toda su altura, con algo de altanería -. No es solo la potencia, tienes que sobreponerte al dolor, hija, o nunca serás una buena shinobi. No puedes parar en el momento en el que te hieran, tienes que atacar con más potencia -explicó. 

Por supuesto, no era la primera vez que la joven oía aquellas palabras, tenía el “o nunca serás una buena shinobi” grabado a fuego en la mente. Era como un miedo eterno o una maldición: aquella frase la perseguía. Por mucho que intentara compensarla con mensajes positivos, con la esperanza inquebrantable de que, al final, todo iría bien, siempre volvía a oírla. Su padre, su madre, sus hermanos… todos repetían aquella frase. Era la única de la familia que no había presentado habilidades especiales para el ninjutsu, y su cuerpo frágil no ayudaba. Suspiró. 

Estaba sentada en el suelo, con las piernas extendidas y recién vendadas: ya había empezado a sangrar. Sus manos también comenzaban a sufrir, pero ya no le importaba. Las cicatrices se abrían, pero la piel también comenzaba a curtirse y estaba orgullosa.

 -Que tengas que esforzarte más que los demás no significa que no vayas a conseguirlo, Tori – añadió su padre, como si le hubiera leído la mente. 

La niña se sorprendió. No esperaba unas palabras amables saliendo de él, apenas un cumplido le parecía demasiado pedir. El hombre se sentó a su lado y le dirigió una sonrisa suave y cálida.

-No pasa nada si no eres la mejor – terminó. 

Ella asintió y se mordió el labio inferior. Bajó la mirada, intentando controlar las lágrimas. No dijo nada. Dejó pasar el tiempo y, cuando se hubo recuperado, volvió a levantarse: era el momento de seguir. Su rival seguía en pie, había retirado parte del tronco, pero aún le quedaba mucho trabajo.
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#3
El padre de Tori acababa de irse, pero ella continuaba allí. Si el árbol seguía en pie, ella también. Deicdió aprovechar su buena relación del momento para pedir a su padre que la dejara sola. El, tras varios minutos de dudas y negociaciones, había aceptado. La condición había sido que, en cuanto anocheciera, el volvería para acompañarla a casa, y Tori había accedido de buen grado.

Estaba contenta, hacía mucho tiempo que no estaba sola, ni en su cuarto, pues lo compartía con una de sus hermanas. Miró a su alrededor: lo árboles secos, la arena muerta, las alimañas. Todo le parecía maravilloso en aquel momento: un paraíso. Durante las escasas horas que durara la luz del sol, serían sus dominios y, por fin, podría hacer lo que quisiera. Sonrió, había encontrado días atrás un pergamino que describía una de las técnicas de su clan. Habría querido practicarla, pero no tenía el material. Si las cosas seguían bien con su padre, se arriesgaría a pedirle ayuda, pero prefería esperar. Ya tenía que pagar el favor que le habían hecho aquel día.

-Aunque no sea esa técnica, puedes practicas otras cosas. Lo que quieras -se dijo con una sonrisa.

La única condición que se había impuesto era acabar con el árbol, pero antes podía divertirse practicando las técnicas defensivas de los genin. Siempre le había gustado más el ninjutsu que el taijutsu, se le daba mejor.

<<Tampoco es que tenga el cuerpo en forma, el taijutsu es muy duro para mí>> pensó.

Se concentró en el control del chakra para realizar el bunshin no jutsu. La primera vez no le salió. Cálmate, se dijo, sabes hacerlo, lo practicaste en la academia un millón de veces. La siguiente vez fue mejor, pero no perfecta. Aun así, Tori no se desanimó, el hecho de estar practicando ninjutsu la hacía suficientemente feliz para no sucumbir a la frustración.
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#4
Después de los clones, decidió practicar su control del chakra. Aún no se le daba bien concentrarlo en los pies, pero ya dominaba hacerlo en las manos. Por suerte para Tori, era algo que sí podía practicar a escondidas de sus padres. Solía aprovechas los descansos del estudio para intentarlo, y probaba a adherir su mano al escritorio.

Buscó con la mirada un lugar por el que trepar, no había mucho a su alrededor, pero había una roca cuya altura superaba a la de Tori, tendría que valerle. Suspiró profundamente, calmándose completamente, liberando la mente de las distracciones. Pero estaba cansada y le costaba centrarse.

Intentó asirse a la roca gracias al chakra, al principio fue bien, continuó con la otra mano y se impulsó. Bien, ahora viene lo delicado, pensó. Tenía que soltar una mano y volver a colocarla en la roca sin perder el control del chakra. Fue despacio, intentando concentrarse al máximo. Bien, primera conseguida. Pero la segunda falló, se asustó, resbaló y perdió completamente el control, por lo que antes de que se diera cuenta, estaba en el suelo. Por suerte, había sido muy poca altura y apenas se había magullado.

-Creo que esto es una señal de que debo descansar -se dijo.

Pero no se convenció, siguió dándole golpes suaves al árbol con el que llevaba enfrentada todo el día. Quitó alguna hastilla, pero apenas avanzó. Solo quería recuperarse sin tener que detenerse del todo.
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#5
Estaba sentada en el suelo, jadeando. Lo había conseguido por fin. Las piernas y los puños le sangraban, ya rota la tela que cubría las heridas de la mañana, pero había valido la pena. Su padre había añadido un ungüento a los vendajes para que se curara más deprisa y, aunque había funcionado, las heridas volvían a estar abiertas. Se echó hacia atrás, para tumbarse, estaba agotada. Para ella había sido muy duro destrozar aquel tronco, no tenía suficiente técnica de taijutsu ni un cuerpo fuerte. Estaba orgullosa y no pudo evitar sonreír mientras veía el sol ponerse.

Había conseguido recuperarse dando golpes suaves. Después había pasado a la ofensiva, el cambio fue radical, comenzó a golpear con todas sus fuerzas, ignorando totalmente el dolor. Ya estaba cansada de su enemigo, quería acabar cuanto antes. El crujido final, cuando el último trozo salió disparado hacia el descampado, fue como una canción de triunfo. Tori comenzó a gritar de júbilo y dio un salto, pero el dolor llegó de golpe y tuvo que dejar la celebración para su mente.

-Así que al final lo has conseguido -la felicitó su padre cuando llegó.

El hombre examinó un poco mejor la escena. Su hija tirada en el suelo, sudada y jadeando, con los ojos cerrados.

-Menos mal que me he retrasado -añadió, con un tono ligeramente despreciativo -. Te ha costado más de lo que esperaba, pero lo has hecho.

Tori sabía que estaba intentando ser flexible y amable, pero nada de lo que pudiera decir podía importarle en aquel momento. Había sido un gran día, se había sentido libre, feliz y, en cierto modo, poderosa. Cumplir su objetivo era agradable. No podía evitar que una parte crítica de si misma le recordara las palabras de su padre, que le susurrara que, si el hubiera llegado a tiempo, no lo habría conseguido. Pero lo he hecho, es lo que cuenta, ¿no?, se dijo.

Su padre se agachó a su lado y comenzó a tratarle las heridas de las piernas. Ella no se movió, apenas podría. Después siguió con los vendajes de las manos y la ayudó a levantarse. Le dolía tanto el cuerpo que necesitaba ayuda hasta para caminar. Pero seguía sonriendo, era un dolor agradable que le daba ganas de reir. Su padre la llevó a casa, prácticamente cargando con todo el peso de su cuerpo. Tori miró atrás antes de perder de vista la zona de entrenamiento. Volveré mañana, se prometió.
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#6
Vengo de aquí
Tori | Hermana 2: Asa | Hermano: Ryuu
Llegaron poco después de la salida del sol. Tori caminaba despacio y sus dos hermanos hacían como que no se daban cuenta, incluso Ryuu quiso pasarlo por alto.

La hermana mayor era una jounin especializada en sellado. Llevaba el atuendo tradicional de los guerreros Maki, con un gran rollo de tela tras ella y varios pergaminos preparados para el combate. Ryuu prefería dejarse llevar por la modernidad, ni siquiera llevaba el atuendo tradicional de jounin, iba vestido con ropa de calle: unos pantalones cómodos y una camiseta. Ambos se tapaban la cabeza con el típico turbante distintivo de la aldea, para evitar que el sol pudier jugarles una mala pasada.

-¿Qué te parece si Tori y yo nos aliamos en tu contra, hermana? -bromeó el joven con una sonrisa.

-¡Hermano!

-No te preocupes, Tori, puedo encargarme de los dos -aceptó la mujer, y en sus ojos brilló una luz siniestra.

-Asa, yo... -la niña comenzó a balbucear. No se sentía preparada ni física ni mentalmente para enfrentarse a su hermana mayor. Era una guerrera hábil y miembro del escuadrón de sellado.

-¡Vamos, pequeña, será divertido! No vamos a ponernos al cien por cien. Sólo es un juego y para ti será un buen entrenamiento - la convenció ella, dándole un suave pellizco en la mejilla.

Tori no estaba tan segura, pero aceptó. Se colocó junto a su hermano y ambos frente a la mujer. Se hizo el silencio, todos se pusieron en guardia. El tiempo comenzó a correr. La genin sabía que no debía ser ella la primera en atacar, solo podía defenderse de los golpes que su hermano dejara pasar e intentar lanzar algún shuriken que no hiciera mucho daño. La tensión recorría su cuerpo como un calambre, en cualquier momento empezaría el combate y no estaba preparada. Nunca lo estarás. Una brisa recorrió el descampado y Ryuu atacó. Tori fue incapaz de ver su movimiento, pero para su hermana no guardaba ningún secreto, pues lo paró con facilidad.

Quieta, todavía no, espera tu oportunidad... pensó, acercando la mano al portakunais de su pierna derecha. Fue despacio, aprovechando los momentos en los que su hermano atacaba con más ferocidad. Sacó un shuriken y lo guardó a sus espaldas. Los dos jounins estaban ocupados con su combate, la niña esperaba su momento con el estómago encogido. Un instante después, vio una apertura en la defensa de su hermana y lanzó el shuriken. Demasiado rápido, sin pensar. Asa sonrió y, con un kunai, desvió la trayectoria del shuriken que, con la fuerza del choque, estuvo a punto de impactar en Ryuu. Eso valió a Tori una mirada furiosa de su hermano. Se encogió, sin atreverse a probar de nuevo con las armas. En lugar de eso, volvió a esperar una apertura para lanzar un ataque físico.

Asa la veía venir desde el principio, pero permitió que la genin la atacara, incluso le permitió impactar en su brazo para darle ánimos. Su taijutsu era suficientemente bueno para vencer a ambos, si Ryuu comenzaba a hacer ninjutsu tendría más problemas, pero aquello era un entrenamiento para Tori, no un combate real. El jounin estaba haciendo bien su papel, dejando a Tori una misión secundaria pero esencial. Los ataques de Asa iban destindas a su hermano y apenas se defendía de la niña, pero estaba contenta con su rendimiento.
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#7
Tori estaba tirada boca abajo en el suelo. Agotada y dolorida. No había podido aplicar tanta fuerza como el día anterior, pero había sido suficiente para dejarla para el arrastre.

-No ha estado mal -felicitó su hermana, risueña.

Ryuu sonrió, pero no dijo nada. Ambos estaban de pie, junto a ella, mirándola en silencio. Se habían recuperado prácticamente al momento, pero la niña estaba agotada. Por lo menos, hoy no hay sangre... dijo para sí, y una sonrisa se coló en sus labios, elevándolos sin que pudiera evitarlo.

-Respira despacio y pronto pasará. Ryuu, ve a por algo de comer y después seguimos -ordenó la mayor.

El chico obedeció al instante, mientras la mujer se arrodillaba ante su hermana pequeña y la levantaba, como si fuera una muñeca de trapo. Le dio agua, solo lo justo para mojarle los labios.

-Poco a poco, pequeña -susurró.

Cuando llegó el hombre las encontró así: Asa dando agua a la niña, muy despacio. Enarcó una ceja con cierta desaprovación. A él también le gustaba cuidar a su hermanita, pero opinaba que Asa era demasiado maternal.

-Ya estoy, vamos a comer algo -anunció, levantando la bolsa en la que llevaba un par de fiambreras, cortesía de una tienda del barrio más cercano.

Se sentaron los tres a comer. En silencio. Despacio. Disfrutando, sin apenas pensar, del tiempo que pasaban juntos. Cuando tuvieran el estómago asentado, volverían a entrenar. La mayor de los hermanos indicó a Tori que se preparara para lanzar shuriken y kunais, sería su práctica. La niña suspiró, el día anterior había sido tan libre...
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#8
Se concentró profundamente, sitió el viento, que luchaba por desatar su cabello. Venía del norte, tendría ventaja si lanzaba hacia el sur. Tenía los ojos cerrados, pero tenerlos abiertos no habría cambiado nada: le habían puesto una venda. Localiza los árboles y dale a uno. Es lo único que tienes que hacer. Esas habían sido las palabras de Asa, resonaban en su memoria una y otra vez, pero no era tan fácil. No para ella.

Sentía la presión en el estómago, comprimiéndoselo y haciéndole sentir ganas de vomitar. Vamos, lanza, se dijo, pero no recordaba bien la posición de los árboles. Escuchó a su hermano resoplar tras ella. Tenía que lanzar, se arriesgaba a fallar, pero quizá lo consiguiera.

El shuriken voló, lo escuchó cortar el aire y, después, un ruído metálico. No tuvo que quitarse la venda para saber que había chocado contra la roca. Bajó la cabeza con decepción. Su hermana le quitó la tela de los ojos.

-Has fallado -anunció. No podía evitar que una expresión de sorpresa asomase en su rostro.

No lo entiende, pensó la niña, entristecida, ella nunca hace nada mal. Quería huir y esconderse, pero no lo hizo, antes o después tendría que enfrentarse a las miradas decepcionadas de sus hermanos. Junto fuerzas para esbozar una sonrisa falsa y dijo:

-¡Pues sí! Qué torpe, ¿eh? Pero otra vez será, tengo que esforzarme más.

Fingió confianza, ignorando a sus hermanos y fue a recoger el shuriken. Estaba haciendo tiempo para recomponer su tristeza. ¿Por qué siempre tenía que fallar? ¿Por qué no podía ser tan perfecta como ellos?
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#9
El siguiente intento fue mejor, lanzó sin vendaje y pudo acertar en un árbol. Aunque no se atrevió a decirles a sus hermanos que no era al que apuntaba. Un poco después, ellos tuvieron que marcharse y Tori se quedó sola. Siguió lanzando shuriken contra los árboles, intentando adaptarse al peso y al viento para dar en el punto justo.

Durante varias horas, practicó su puntería, pero le costaba. Suspiró muy hondo y muy despacio. El siguiente irá mejor, el siguiente irá mejor, se repetía, buscando el optimismo. Hacia el final de la jornada, fue viendo avances y se alegró: no conseguía dar exactamente donde quería, pero sí acertaba al árbol.

Dedicó unos minutos a practica ninjutsu, pero estaba demasiado cansada y, al cabo, se desmayó. Cuando despertó era casi de noche, el sol se había puesto y la luz se escapaba. Quiso correr a casa, pero le dolía demasiado el cuerpo, así que caminó en silencio. No le gustaba ir sola por la ciudad, pero el hogar Maki no estaba tan lejos.
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#10
Llegó al descampado muy cansada, sudada y jadeando. Había corrido con todas sus fuerzas hasta allí, la ilusión le podía. El rollo de pergamino que había robado le pesaba mucho, pero no le importó. En su afán por llegar antes, casi había derribado a una anciana. Por un instante se sintió culpable, pero poco le duró.

Se descolgó el rollo y lo colocó de pie frente a ella, abriéndolo un poco. Con una sonrisa, cerró los ojos y concentró su chakra.

El pergamino pareció cobrar vida. Se movía ante la voluntad de Tori, solo lo abrió un poco más de lo que estaba antes de perder el control, pero le hizo mucha ilusión. No pudo reprimir un chillido alegre y un pequeño salto.

Siguió practicando, aunque la alegría de conseguir mover el pergamino siempre hacía que se rompiese su concentración. Comenzó a frustrarse y el proceso no fue mejor. Decidió que el rollo era demasiado pesado y se fijó en uno de los vendajes de su brazo. Lo deshizo un poco, para darle cuerda para moverse y volvió a ejecutar la técnica. Le resultó algo más sencillo, pero cuando vio elevarse la tela, no pudo evitar otro grito de emoción y el control del chakra se rompió.

No me voy a dar por vencida, pensó, volviendo a ejecutar la técnica.
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