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[Examen Chunin] Vigilancia en la frontera
#1
El cielo estaba levemente encapotado, un tenue viento que poco a poco se enfurecía agitaba los cabellos de Katsumi, quien después de un largo viaje llegaba al punto de vigilancia que le habían asignado. Durante el trayecto había podido gestionar internamente los acontecimientos dentro de su mínimo conocimiento sobre las circunstancias, había intentado también analizar las posibles situaciones que podría experimentar y hasta hacer un plan de supervivencia en base a los alimentos y bebida que tenía. La supervivencia en el lugar designado era una prioridad, tenía que repartir de manera equitativa todas sus posesiones, pues no sabía el tiempo que tendría que pasar por ahí. Por ello, tomaría lo mínimo posible de agua y comida durante el día, tenía que haber un mínimo porque sabía que debería estar al 100% de sus capacidades ante cualquier evento imprevisto, y no podía abusar de la falta alimenticia y deshidratación, lo cual podría dificultar su concentración, su habilidad en batalla y en general la merma de su ser.

Katsumi estaba acostumbrada al desierto, su misión le obligaba a permanecer en una pradera plagada de vegetación, y aunque no era su ambiente rutinario, intentaría defenderse. Sabía que las noches en el desierto eran increíblemente heladas, y que los días era mejor pasarlos ataviada con ropaje que cubriese la piel de los ardientes rayos del sol, pero del ambiente en el que estaba no podía sacar todas las conclusiones que quería. Igualmente taparía su piel ante los mosquitos o el frío, y usaría la manta para cubrirse de noche para dormir, no sin antes preparar un escondrijo entre matorrales o si hiciese falta excavando. El enemigo podría estar cerca, podría pasar mientras durmiese y no enterarse, y no podía correr el riesgo de dormir a la intemperie en una situación tan sumamente crítica. Dormiría unas cinco horas, era poco si la misión se alargaba pues con el paso de los días sentiría la falta de sueño, pero sería un horario normal si fuese durante una semana.

El agua escaseaba, realmente con 4 litros no podría aguantar mucho tiempo, y aunque tuviese un río muy cerca era casi una locura plantearse llegar a esa línea imaginaria que separaba el País del Viento con el País de los Ríos. Confiaba en que sus artes ninjas de infiltración fuesen lo suficientemente buenas para conseguirlo en caso de pura necesidad.

Una vez llegó a la pradera, Katsumi evaluó el ambiente. Lo primero era asegurarse de que no había nadie allí, por lo que realizó su "ritual sensorial". Gracias a su entrenamiento dedicado a servir para el Equipo Oni de infiltración y exploración, tenía habilidades para detectar el chakra unos metros a su alrededor, así como jutsus de visión lejana, entre otras cosas. Lo primero que hizo fue hacer sellos y poner las manos en el suelo, justo después de colocarse tras un matorral para tener una posición relativamente oculta de cara a cualquier enemigo. Tras un rato consiguió detectar alrededor de 100 metros la presencia de cualquier individuo, podría rastrear el chakra que desprendían y saber su posición exacta a los pocos segundos mediante ondas. Katsumi sabía que usaría este jutsu con frecuencia, pues evitaría que entrase en un conflicto por sorpresa y podría anticiparse para tomar decisiones. Por el momento parecía que no había nadie en la zona, lo que tranquilizó a la muchacha. Desde ese momento comenzaba a sentir en sus carnes un pequeño temor por lo desconocido, por la guerra y los enfrentamientos a esa escala, cosa que nunca había podido vivir.

No contenta con abarcar 100 metros, decidió usar otro de los jutsus que había aprendido que, aunque no podía detectar ninjas ocultos, le permitiría ver a medio kilómetro a su alrededor. Hizo un sello de manos y se pasó la mano por el ojo derecho, colocándose una gota de agua. En un instante comenzó a ver mucho más de cerca, y comenzó a revisar alrededor. Se hacía un poco complicado intentar mirar cerca, cuanto más cerca intentaba ver era más impreciso, pero lo hizo igualmente. Se aseguró que al menos no divisaba ningún campamento ni la presencia de nadie visible, y decidió elaborar algún tipo de escondijo para pasar las noches que hiciesen falta. Había comido y bebido en abundancia antes de ir a la misión, por lo que no necesitaría ingerir alimentos ni beber nada hasta bien echada la noche, así que tenía todo el tiempo del mundo para crear rápidamente el escondrijo y seguir su misión de vigilancia. Un matorral de grandes dimensiones parecía ser un lugar suficientemente grande como para que la Higasa se ocultase recostada, acurrucada como si de una bolita se tratase. Recogió unas ramas para hacer fuego cuando lo necesitase, y las escondió en otro de los matorrales que había cerca. Además de esconderse a sí misma, no quería dejar ninguna evidencia de que alguien había estado ahí en caso de que alguien pasase por allí o ella misma se moviese a otra posición. Comenzó a abrir el matorral que le serviría de escondite, separando un poco sus ramas para dejar un hueco donde meterse. Sería muy incómodo, pero al menos preparó el arbusto para que no se raspase con ninguna rama mientras descansaba. De ahí en adelante usaría esa zona para dormir, siempre y cuando no se alejase demasiado y tuviese que improvisar otro lugar.

Una vez quedó todo preparado, Katsumi comenzó a vigilar. Aparentemente todo estaba tranquilo, las horas pasaban mientras la Genin observaba a su alrededor en búsqueda de algún intruso o algo que llamase su atención, pero no pasaba nada. Parecía que su estancia en esa pradera, ojiplática cumpliendo con su misión, se alargaría unos días tal y como imaginaba.

El primer día se desarrolló sin problemas, caminaba ocultando su presencia de un lado al otro, ahorrando chakra pero haciendo uso del mismo para minimizar los problemas que pudiese ocasionar su presencia en ese lugar, o cualquier otra cosa que acabase con su misión de inmediato. Tal y como había planeado, durmió en el arbusto, con las molestias que eso conllevaba aunque arropada con la manta. La primera noche la pasó complicada, se despertaba por el constante roce de las ramas, el viento que traía poniente era muy agitado y provocaba que los matorrales "silbasen" y se moviesen levemente. Sus cinco horas se quedaron en cuatro, en duermevela constante pero aguantando las molestias sin perder la calma. A pesar del sentimiento de miedo que iba creciendo en su interior, se mantenía profesional y calmada, confiaba en que sus planes saliesen bien y que sus habilidades la llevasen hasta la victoria.

Estuvo varios días así, entre tiempos de vigilancia intentó mejorar el matorral sin que dejase de ser sutil, para que pudiese tener una noche más rentable e impedir que la falta de sueño comenzase a mermar sus fuerzas. Fue comiendo tal y como había planeado, primero la comida menos contundente como la zanahoria y los dátiles, sentía perfectamente cómo no podía llenar su estómago tanto como lo hacía en la aldea, y hasta notaba que aún quedaba hambre cuando terminaba la comida del día. Se había dado cuenta de que los matorrales tenían frutos, pero precavida temía que pudiesen contener veneno y así ser peor el remedio que la enfermedad, por lo que de momento optó por no tomarlos. El agua estaba escaseando, una botella se había consumido por completo y la única ventaja que le aportaba era la liberación de peso en su mochila.

Parecía que otro día tranquilo le acompañaba, ésta vez las nubes se habían disipado y el sol resplandecía en lo alto, el viento mecía las ramas con menos fuerza y se escuchaba el cálido sonido del río circular a 60 metros de su posición, como un pequeño y casi inaudible susurro. Katsumi preparó un pequeño plan de sigilo para acudir al río, tenía que aprovechar que el día era propicio, pues no sabía cuándo encontraría otra oportunidad como esa, por lo que hizo uso de su jutsu Fuuton de mimetización con el aire y navegó por el mismo hasta el río. Caminaba a paso normal, ni corriendo ni lento, mirando a su alrededor sin perder de vista su misión. Consiguió llegar al río sin notar que había sido detectada, aunque ella no lo sabía, y deshizo su jutsu. Rápidamente abrió la botella e introdujo agua en su interior, llenándola por completo, mientras vigilaba sus alrededores. Trató de indagar en frente suyo, el País de los Ríos estaba delante de sí misma y quizás conseguía atisbar algo en la lejanía, pero no fue así. Cuando cerró el tapón guardó la botella y rehizo el jutsu.

Volvió de manera lo más rápida posible, sin dejar de vigilar a su alrededor, y se escondió en el matorral. No sabía si el agua era potable, pero nuevamente no se dejaría llevar por la situación, precavida ante todo. Decidió que intentaría destilarla lo máximo posible dentro de sus capacidades, por lo que trató de pasarla de una botella a la otra a través de una de sus prendas, la bufanda. Así se aseguraría de que no tuviese elementos sólidos. Lo más importante sería hervir el agua, pero no tenía ninguna olla o semejante para hacerlo, y la botella de plástico se arruinaría al instante. Solamente tenía una cantimplora pequeña de acero pintado por fuera que llevaba siempre consigo para los días de desierto, por lo que se le ocurrió que sería una buena manera de destilarla poco a poco. Con las ramas que había recogido y piedras del lugar hizo fuego y puso la cantimplora, para después de elevarla al punto de ebullición, dejarla enfriar. Repetiría esto tantas veces como fuese necesario durante su estancia allí hasta que acabase su misión, por lo que ya no le preocupaba deshidratarse.

Siguió nuevamente con la rutina de vigilancia, de vez en cuando sentía la presencia de algo, pero acababan siendo pequeños animalillos perdidos. Llegó el quinto día, había logrado acomodar el matorral y ahora descansaba mejor, seguía tendiendo el calor nocturno de la hoguera, los alimentos comenzaban a desaparecer definitivamente aunque el agua no faltaba. Katsumi aún no lo sabía, pero ese día marcaría un antes y un después en su vida. Llegó la tarde, al punto de anochecer, y todo había ido en calma. Vigilaba con sus jutsus cada ciertas horas, y volvió a llegar el momento de hacerlo. Sin embargo, el corazón le dio un vuelco a comprobar la existencia de dos ninjas a unos 60 metros, por su derecha, dirigiéndose hacia ella a pasos acelerados pero sin correr. No sabía de qué aldea eran, si eran compañeros suyos o enemigos, pero no estaba dispuesta a arriesgarse, por lo que se escondió. Ni siquiera sabía si había sido rastreada, o si solamente ella se había dado cuenta de que había alguien más allí.

Rápidamente se escondió detrás del matorral, quedando oculta a sus ojos a simple vista, esperando a que pasasen. Las manos y piernas de Katsumi comenzaron a temblar, se miró a sí misma con confusión, sin entender muy bien qué estaba pasando.

- ¿T-Tengo miedo? - Por primera vez en su vida temblaba, conocía de primera mano por fin lo que era el miedo a la muerte.

Los ninjas desconocidos llegaron hasta su posición, cuando pudo verles de cerca, sin hacer ruido, no pudo identificar su procedencia. La única conclusión que pudo sacar es que no llevaban la vestimenta de Suna, por lo que no eran aliados. Para su desgracia, los dos desconocidos se pararon cerca de su lugar de descanso. Una mujer y un hombre hablaban con cordialidad mientras vigilaban a su alrededor, aunque tenían la suficiente tranquilidad para conversar, su pose era defensiva, parecía que tenían muy en cuenta que estaban en terreno enemigo. Katsumi intentó esconder su respiración intentando relajarse, si algo iba mal podría hacer uso de su muro anti-sensorial que había aprendido, y por el momento no le habían visto. Desde su posición podía escuchar la conversación que ellos tenían.

- Tomemos un pequeño descanso, haremos pequeñas guardias, estamos en terreno enemigo así que no podemos bajar la guardia, ¿vale Minori?. Cuando vuelva peino la zona y nos aseguramos de que no hay nadie - El hombre se quedó en pie mientras la chica de cabellos azulados descansaba al lado de un matorral.

- Anda, no seas tan hablador Yamamoto, soy una kunoichi experimentada, igual que tú - Parecía que había mucho feeling entre los dos miembros, formaban parte del mismo equipo.

- Voy a mear que no puedo aguantar más, ahora que nos vamos a separar no bajes la guarda, hazme caso, que tú eres puro despiste y no me fío ni un poco de ti - Aunque Yamamoto iba en serio, se permitió reírse sin malicia de su compañera antes de guiñarle un ojo y alejarse.

- Veeee, veeeee, qué pesado - Se quejó ella con una sonrisa.

Ella suspiró llamativamente una vez se encontró solitaria, y Katsumi encontró una brecha en la defensa de sus enemigos. Si no hacía algo ya, podrían descubrirla y acabaría siendo un muerto más de las tropas de Suna, abrazada por la muerte sin ningún tipo de honor, escondida cobardemente y aniquilada por esos desconocidos. Sus manos seguían algo temblorosas, su determinación le acompañaban a pesar del cosquilleo que recorría sus extremidades. Había encontrado el miedo a la muerte y no sabía exactamente cómo gestionarlo, pero sin dudar ni un segundo más, se desplazó mimetizada con el aire hasta la posición de Minori. La peliazul pudo notar el viento agitando sus cabellos, pero solamente se reordenó el pelo con cuidado y se comenzó a mirar las uñas. Katsumi, sacando un kunai de su portakunais, lo empuñó con fuerza y lo llevó hasta la garganta de la mujer. Con la otra mano procuró taparle la boca en primera instancia, el jutsu de mimetización se deshizo y la mujer intentó gritar algo, pero no pudo emitir ningún sonido. De un tajazo rápido y contundente, desde un lado del cuello al otro, una apertura en el cuello de Minori comenzó a expulsar sangre a chorros, comenzando a consumir su vida. Katsumi se salpicó en la cara por los lados, sus ojos estaban ojipláticos nuevamente pero ahora por el instinto de supervivencia que había nacido en su interior, la adrenalina y por lo crítica que era la situación que le rodeaba.

Sin titubear ni un momento más, volvió a mimetizarse con el viento, ocultándose de Yamamoto, que parecía volver en ese momento. El muchacho observó a Minori tendida en el suelo, con sus manos tapándose la herida en vano, aún con vida pero muy débil, y dos lágrimas escaparon de sus ojos. Se lazó precipitadamente sobre su compañera y comenzó a gemir muy levemente con terror, deshaciéndose la ropa para colocarla alrededor del cuello de ella, aunque sin mucho éxito. Agarró su cabeza y la puso sobre sus piernas, acariciando su rostro y rogándole que no se marchase, que no le dejase solo. Katsumi se enturbió de amplia manera al escuchar la declaración de amor de Yamamoto.

- Midori... Yo siempre te he amado... Tantas veces mirando a tu balcón para que te asomases... Yo mismo nos coloqué en este equipo... Las flores que te llegaron el día de tu cumpleaños eran mías... Siempre te he querido... Siempre te he amado... - Sus palabras salían atropelladas y muy débiles desde su boca, deseando que la mujer aguantase el letal golpe que había recibido.

Aunque era una oportunidad brillante para que la Higasa acabase con la vida del desconocido, que había bajado la guardia por completo, presa de la angustia, Katsumi no pudo mover ni un solo dedo. Las últimas palabras de Minori le causaron cierta angustia a la ninja de la Arena.

- Yamamoto... Yo también... te... quiero... siempre... - Y su corazón dejó de latir.

Yamamoto estaba cubierto de sangre, totalmente consumido por el shock del momento, y entonces Katsumi reaccionó. Estaba a apenas 2 metros de distancia de ambos, por lo que un movimiento rápido desde su cintura hasta el pecho de Yamamoto fue suficiente para terminar con ese momento de angustia que estaba viviendo. Un sonido metálico se escuchó antes de un sofocante silencio, Katsumi deshizo su jutsu de ocultación y el ninja desconocido pudo sentir la apuñalada a la altura del corazón por el paraguas de la Higasa, que había abierto el mecanismo de cuchilla al instante. Los ojos desesperados de Yamamoto se cruzaron con los de Katsumi, derramando lágrimas como si de un niño pequeño se tratase. Poco antes de perder la vida por completo, agachó la mirada, ésta vez mostrando tranquilidad, sabía que llegaba el descanso de la muerte y que iba a estar acompañado por la persona que siempre había amado. Katsumi se aseguró tocando el cuello de Yamamoto y de Minori de que ambos estaban muertos, y se derrumbó al suelo. Ni siquiera comprendía cómo había tenido tanta suerte como para que todo terminase así.

Durante unos minutos que se tornaron horas se quedó estática mirando la sangre y la muerte, con sentimientos totalmente encontrados. Había conocido anteriormente su faceta sádica, le apasionaba la sangre y los cortes, no había vivido nada igual como lo ocurrido en ese momento. Pero la sensación de que había matado a la amada de una persona delante de él, le hacían empatizar y ponerse en su situación.

Así estuvo el resto de la noche, sin poder probar bocado, intentando entender qué le estaba sucediendo. Eran las 5 de la mañana cuando consiguió conciliar el sueño en el matorral, evitando pensar en lo que había ocurrido. Katsumi tuvo unas tres horas de sueño aquel día, estaba fatigada y ya no tenía nada para comer. Un último sorbo de la botella y también se quedó sin agua, aunque eso no le preocupaba.

La salida del sol chocó en su mirada ojerosa, y el sonido de muchos pasos tras de sí la aturdieron. Hizo el jutsu y comprobó que una gran cantidad de ninjas procedían desde el interior del País del Viento, y aunque seguía sin fiarse, dejó que llegasen, escondida. Finalmente pudo observar la indumentaria de los shinobi de la Arena, y salió de su escondite. El que parecía comandar la marcha se dirigió a ella.

- Higasa no Katsumi, hemos venido a cubrir la zona, has cumplido bien con tu misión - Sus ojos se posaron sobre los cadáveres, aún frescos y la sangre sin secar - Es hora de que vuelvas al campamento a recuperarte, nos encargaremos del resto, informa de la situación y retírate -.

Katsumi se levantó al instante e hizo una reverencia formal. Sintió un soplo de aire fresco al saber que se había terminado, no había salido tan bien como esperaba, pero el "buen trabajo" del comandante había sido suficiente para creer que había cumplido con su cometido. Con seriedad en su rostro, retirándose poco a poco la sangre que se había secado en su cuerpo y su cara, contó todo lo que había experimentado sin entrar en detalles personales, todo lo que incumbiese para el informe, y abandonó el lugar. Su interior estaba más sereno, lo que hizo era lo que cualquier persona hubiese hecho en su situación y no podía culparse por nada.


Técnicas usadas para que se vea que las tengo

Ninjutsu Norowareta Suna no Ningyo

ID:
453
Nivel:
2
Sellos
Sí.
Descripcion
Tras los sellos, el shinobi se pasará la palma de la mano por los ojos, colocándose una gota de agua formada a partir de la humedad en cada pupila. Estas gotas permiten al shinobi una visión perfecta, pudiendo visualizar objetos en 500 metros de distancia sin problemas. Además, estos ojos le permitirán también visualizar objetos diminutos a una corta distancia, o focalizar su visión en pequeños detalles. Esta técnica es idónea para la vigilancia a larga distancia o para encontrar pequeños detalles ocultos en una investigación. Las gotas se evaporarán al cabo de dos turnos.
Efectos
Gasto de chakra por turno:
20

Ninjutsu Sensashiru no Jutsu

ID:
454
Nivel:
2
Sellos
Uno.
Descripcion
El shinobi coloca un sello especial en el suelo o en una superficie y mantiene un sello de mano, transmitiendo chakra al sello y este al ambiente. Esto permite al shinobi detectar la presencia de individuos o grupos mediante ondas, medir su distancia y ubicación. Requiere que el shinobi se mantenga totalmente quieto y concentrado, sin posibilidad de moverse. En el primer turno de canalización podrá localizar todos los objetivos en un rango de 50 metros a la redonda, y en el segundo su ubicación exacta y su dirección. Mejoras:
Nivel 4: El rango de detección aumenta a 100 metros.
Efectos
Gasto de chakra:
30

Fuuton Tobidasu

ID:
126
Nivel:
2
Sellos
Sí.
Descripcion
El usuario es capaz de mimetizarse con el aire y moverse una velocidad equivalente a como si estuviese andando. No será visible para gente de menor o igual rango (a no ser que tengan algún jutsu con el que detectarle). Tras acabar la técnica, queda desorientado un par de segundos.
Efectos
Gasto de chakra por turno:
30

Higasa Kasa no Sunagakure

ID:
250
Nivel:
2
Sellos
No.
Descripcion
Técnica base. Los usuarios del estilo Higasa recibirán uno o varios paraguas ninja, que utilizarán en combate como un arte propio de kenjutsu. Con una longitud de 140 centímetros, estos paraguas cuentan con diferentes mecanismos internos y partes ocultas que el shinobi irá añadiendo con el paso del tiempo y que se activan mediante chakra. La característica esencial del paraguas ninja es una cuchilla retráctil de acero de 10 centímetros de longitud, oculta en la punta y que es desplegada al instante aplicando 10 puntos de chakra. Además, las varillas también son de un material similar al acero, de igual dureza, resistencia y filo. Si se desprendiese la cabeza del paraguas (la parte tela y varillas) se descubriría una hoja fina y cortante, similar a una katana, oculta en el mango del artilugio. Con este objeto, el shinobi podrá realizar técnicas y movimientos propios del kenjutsu. Dependiendo del rango, el shinobi poseerá diversas sombrillas:
- Rango 2: El shinobi contará con un paraguas ninja y un paraguas de bolsillo, de 70 cm.
- Rango 3: El shinobi recibe un paraguas ninja y un paraguas de bolsillo adicionales.
- Rango 4: El shinobi recibe un paraguas ninja adicional, y las cuchillas de estos son envenenadas.
Como es una historia a efectos "sociales", no aplico gastos de chakra ni nada por el estilo, aun así no gasto más de lo que abarco.

Estadísticas e inventario

Nivel: 4
Fuerza:
39
Resistencia:
40
Velocidad:
40
Agilidad:
38
Destreza:
38
Presencia:
30
Inteligencia:
38
Control de chakra:
38

Vida: 238 Chakra: 258 Estamina: 305

Porta-Kunais nivel 2, Porta-Utensilios nivel 2, Porta-Kunais nivel 3, Porta-Utensilios nivel 3.


Narro // Pienso // Hablo

[Imagen: SUNABANNER1.png]


Sonido del viento

[Imagen: 75948b23c4beeb936878468e95b442875a4ea912_hq.gif]
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