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[Flashback] Pena, corazón inquieto
#1
Era casi de noche. Ya hacía un par de horas que se distinguía la silueta de la luna creciente en un cielo violáceo, el frío comenzaría a apretar en poco tiempo y los miembros del Escuadrón Médico de Reserva Número 2 de Konohagakure estaban intranquilos. Su trabajo no era lo más peligroso del mundo, ya que como su nombre indicaba, eran los reservistas del escuadrón principal de medicina, apostado mucho más al frente del campo de batalla. Sin embargo, tenían noticias de que la guerra no iba bien, y debían estar acampados en aquel oasis hasta que les llegasen nuevas noticias por medio del equipo de telepatía, formado como siempre por Yamanakas y ninjas sensoriales.

Hicieron un pequeño fuego cuando el cielo comenzó a mostrar las estrellas, cada vez más brillantes. En el desierto no solían verse nubes nunca, y la noche era preciosa e iluminada. Los vaivenes de 4 ninjas médicos de Konoha hacían bailar las llamas.

- ¿Creéis que tendremos que entrar en combate?- Preguntó un hombre de mediana altura, ataviado con el chaleco de Konoha y una bata blanca por encima. Sus facciones estaban encogidas por el frío y el miedo a verse inmerso en un combate. Miró hacia un tocón de palmera tirado en el suelo, sobre el que estaban sentados los dos únicos ninjas especializados en combate de todo el campamento. Eran dos jovenes, mujer y hombre, que según el médico tenía entendido, eran pareja. El chico de pelo negro hasta los hombros estaba mirando a los pies de su mujer, absorto en sus pensamientos. Ella fue la que contestó, sonriendo.

- No os preocupéis. Pase lo que pase, estamos aquí para garantizar vuestra supervivencia.- Le guiñó un ojo a otra de las doctoras que estaba detrás del médico preocupado, viendo que ella se estaba comiendo las uñas, encogida.- ¡Tened fé en los Uchiha de Konoha!

Eifen Uchiha levantó la mirada y sonrió un poco forzado. No quería estar allí. Se estaban exponiendo a un peligro, aunque fuese mínimo, cuando otros podían ocupar su lugar y Shikami y él podrían estar con un permiso en casa, con la pequeña Yatako. Ella los necesitaba mucho más que el ejército shinobi de Konohagakure.

- Tranquilos. La noche pasará rápido y nos iremos.

Narración / Eifen / Yatako / Kakashi / Shingetsu / Uzu / Pensamientos

[Imagen: dsvhRKu.png]
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#2
Comenzó con un leve silbido, un susurro. Para unos, el susurro de la esperanza, esperanza de poder volver a su hogar tras derrotar al enemigo; para otros, el silbido de la propia muerte. No lejos del campamento de los ninjas de Konoha, en lo alto de una duna, dos hombres empujaban un carromato. No se trataba de un carro cualquiera, pues era mucho más pequeño, de dos ruedas, y con extrañas rambas de metal inclinadas sobre él. Con mucho cuidado y en total silencio, los dos hombres comenzaron a coger de la espalda de un tercero una especie de vainas. Eran alargadas, como el palo de una escoba, pero su punta era redondeada con una cavidad. Al final del palo había una mecha. Con sumo cuidado colocaron un total de ocho de estas vainas en las rampas del carro, y alinearon este apuntando hacia el campamento enemigo, ubicado a unos 200 metros. Hubo un silencio eterno, en el que los dos ninjas observaron el ambiente. Los búhos cantaban, pero no eran búhos realmente, sino otros equipos de carromatos situados en otras dunas. Dos de los presentes se dieron la mano y se susurraron.

¡Suerte, hermano! El viento que agita la cebada. - dijo uno.

¡Suerte también a ti! Nos vemos después, Ken. - le respondió el segundo.

Un último canto de búho, y comenzó el silbido. Uno de los dos ninjas apretó las mechas con sus dedos índice y pulgar, creando una leve chispa. Una chispa que encendió las ocho mechas, y los cohetes comenzaron a silbar... y a surcar el cielo estrellado. Eran imprecisos, y habían un gran estruendo tanto al ser disparados como al estrellarse en su objetivo. Al cabo de unos pocos segundos, desde seis dunas diferentes, oleadas de cohetes de pólvora imprecisos fueron disparados hacia el campamento de los ninjas de Konoha. Los cohetes regaron todo el suelo de arena, no hiriendo directamente a los ninjas pero haciendo estallar todo lo que había a su alrededor, haciendo que saliesen disparados algunos por las ondas expansivas. Los ninjas de Suna observaban todo con atención, sin poder contener una sonrisa.

¡Les pillamos desprevenidos! ¡Tora, Tora, Tora!

Era un espectáculo digno de ver. El cielo estrellado de la noche fue testigo, de cómo medio centenar de cohetes hacían saltar pos los aires un campamento enemigo, sembrando el miedo a la lluvia de fuego entre sus enemigos. El segundo ninja tocó el hombro de su hermano, al tiempo que desenvainaba su paraguas. Con una señal, se lanzó corriendo duna abajo hasta el campamento enemigo, siendo imitado por los ninjas situados en el resto de dunas. Media docena de ninjas de Suna se lanzaron al ataque, todo mientras un anciano lo observaba todo desde una de ellas, tocándose la barba a modo de satisfacción.
Narrar - Hablar - Pensar
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#3
La noche pasaba lenta y todos los ninjas médicos dormían encogidos al lado de la hoguera para retener un poco de calor en sus cansados cuerpos. Algunos soñaban con la vuelta a casa, otros tenían pesadillas sobre la muerte pisando sus talones, y aunque intentasen huir, terminaban por fallarles los pies y caer en la arena presas del miedo.

Eifen y Shikami soñaban despiertos sobre la mañana siguiente, pues tendrían noticias sobre la petición que habían mandado para ser relevados. Ambos estaban sentados sobre un tocón de madera, apoyando la cabeza de uno sobre la del otro, con las manos juntas y los dedos entrelazados. Tenían los ojos abiertos, y observaban el fuego crepitar, en silencio, pero más atentos a sus alrededores de lo que parecía. Al fin y al cabo eran ninjas.

Shikami fue la primera en erguir la cabeza. Oteó el horizonte, bajo la mirada atenta de su marido. 

- ¿Has oído algo?- Susurró, con un tono de preocupación creciente. El desasosiego llegó al punto álgido cuando siguió la mirada de Shikami, que observaba con la boca entreabierta cómo una lluvia brillante se cernía sobre ellos.

- ¡TROPAS ENEMIGAS!- Gritó.

No hubo tiempo para sentir ninguna emoción más que la de la batalla. Shikami y Eifen dieron un salto hacia el mismo lado, esquivando una explosión inminente, y arrastrándose, quedaron ocultos tras una piedra de buen tamaño. Al parecer, sus compañeros médicos tampoco habían sufrido más que pequeñas quemaduras, pero el campamento estaba inevitablemente dañado. Todo, salvo una cosa. 

- ¿Era un ataque para destruir nuestras provisiones? Eifen, vas a tener que distraerlos.- El Uchiha asintió, sabiendo lo que iba a ocurrir a continuación.

- Lo haré sin moverme de tu lado.- Echó un vistazo a los médicos, y suspiró aliviado al ver que habían seguido el procedimiento y se habían encerrado los cuatro en una barrera de chakra.

Del humo y la polvareda creada por las explosiones surgió la sombra de Eifen Uchiha, abalanzándose kunai en mano sobre el primer enemigo que vio. Mientras tanto, comenzó a oírse el sonido de papel quemado. A tres metros de distancia de seguridad por todo el perímetro del campamento, brillaron decenas de pequeñas llamas entre la arena.

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#4
El combate fue duro. Media docena de ninjas de Suna se habían lanzado a una muerte casi segura, sabiendo que la siguiente salva de cohetes podría acabar con sus propias vidas. Pero poco importaba aquello. Suna había sido usurpada por enemigos, nadie derramaría sangre por ella. Estos hombres, en cambio, estaban dispuestos a dar su propia vida por la causa. El choque inicial fue duro, y se cobró varias vidas.

Dos de los ninjas de Suna pisaron el "campo de minas" hecho de sellos explosivos y saltaron por los aires, pero dejaron el camino libre para sus compañeros. Uno de los ninjas, rodeado de llamas, iluminó la noche mientras se hacía hueco entre la línea de defensa de chakra de los enemigos. Apartó a un ninja médico de un codazo, y encajó un puñetazo en la cara de un segundo solo para ser empalado segundos después por una katana. Instantes después, otro ninja de Suna clavaba un kunai en el ojo de este shinobi, y pasaba al siguiente para seguir combatiendo. Todo alrededor del campamento era desolación. Cráteres de ceniza, restos de llamas y caos.

El segundo ninja, el que había bajado por la primera colina empuñando un paraguas, no tardó en abrirlo y rociar con senbon todo lo que tenía delante de sí. Entre sus objetivos, estaban una pareja de shinobi y un ninja médico, que cayó al suelo con varias de estas agujas clavadas en su torso. Mientras tanto, en una de las colinas el anciano marionetista observaba todo con cautela, y disponía el plan de batalla.

¿Señor Hayate? Estamos cargando una segunda salva de cohetes, listos para lanzar.

Aún no. Tenemos hombres ahí abajo. Ordenen a los milicianos que cojan los mosquetones. Fuego a discreción.

Sí, señor.
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