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Hogar (II) [Privado]
#1

El puerto de Kirigakure les dio luz verde a su salida y finalmente, cerca de las once de la mañana el Mizuchi partió rumbo a la isla más septentrional del País del Agua.

El tiempo no acompañó la travesía por mar del Mizuchi, pero eso no era nada que a Kazuki le molestase u asustase. No era una fuerte tormenta, aunque si habían avistado varios relámpagos a la distancia, cerca del horizonte, pero todo el viaje fueron acompañados por la suave y relajante melodía de las gotas de agua cayendo sobre el techo de madera del Mizuchi. Aquel sonido unido al arrullo de las olas del mar sumió a Kazuki en una tranquilidad absoluta, y a punto estuvo de quedarse dormido, pero el capitán del barco no quería que su único tripulante se quedase dormido ya que, si eso pasara, él también se aburriría, le entraría el sueño y sería el mar con sus caóticas corrientes quien tomase el control del barco.

Dime, chico, ¿Qué es lo que te lleva a la Isla del Norte?

Kazuki no se había fijado mucho en su acompañante hasta ahora, había estado inmerso viendo el horizonte atormentado, pero pudo ver a un hombre entrado en años, parecido en cierto modo a aquel shinobi de Sunagakure, pero sin embargo su presencia no era tan recia, ya que mientras que el shinobi tenía una barba y una postura cuidadas, la de aquel viejo no lo estaba y además estaba un poco encorvado, y por su voz podía denotarse una gran cantidad de años encorvando sus espaldas.

Pues no mucho la verdad, soy de allí y voy a realizar una visita a familiares míos. — respondió Kazuki, contando una media verdad para mantener la confidencialidad de la misión.

¿Oh? ¿En serio? No se ven muchos Norteños que se unan a las filas de Kirigakure — dijo el viejo volviendo la mirada hacia atrás para clavar su mirada en la bandana con los símbolos ondulantes que formaban el emblema de Kirigakure — estos ojos viejos, aunque necesiten gafas, son difíciles de engañar, chico — sentenció el anciano, mostrando una sonrisa que enseñaba a su vez unos dientes amarillentos.

Bueno sí, es cierto que soy un shinobi, pero recientemente subí de rango y quiero informar a mis seres queridos que viven allí.

Vaya…vaya… qué nteresante... — dijo el viejo con un tono entre decepcionado y alegre — y a mí que me habían contratado para llevar a un shinobi para que realizase unos trapicheos allí, pero bueno, yo soy solo un pescador, tendrás tus razones para no contarlo, no se te ve mala persona, así que quiero pensar que es así… ¡Uy!, mira, ahí se ve ya la Isla del Norte, ve preparándote para desembarcar.

Kazuki sonrió al anciano, agradeciendo su comprensión ante sus razones para engañarle, y se despidió de él dándole una propina que tardó en aceptar ya que decía que no hacia falta, y la testarudez de la vejez es de sobra conocida. Finalmente en los muelles de madera de la Isla del Norte pudo reconocer a una figura muy conocida esperándole.

Estadísticas e inventario

Nivel: 5
Fuerza:
40
Resistencia:
40
Velocidad:
40
Agilidad:
40
Destreza:
40
Presencia:
48
Inteligencia:
47
Control de chakra:
40

Vida: 240 Chakra: 309 Estamina: 310

Chaleco ninja, Katana, Porta-Utensilios nivel 4, Porta-Kunais nivel 4, Píldora soldado, Píldora soldado.

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#2
Kazuki salió corriendo a saludar a la persona que había venido a recogerla. Era el kannushi mayor del templo, y en cierto modo, el que dirigía el cotarro allí, y para Kazuki, era como su abuelo.

Vaya, si que has cambiado tú, eh, pequeñajo — dijo el kannushi, despeinando aún más a Kazuki — veo que sigues cuidado igual de bien tu cabello, ¿no?

Llevaba años sin ver al viejo kannushi, o Sanjou como se llamaba en realidad, aunque no había cambiado nada para Kazuki, ni siquiera su atuendo, que seguía siendo el típico de un monje. Un largo yutaka negro con los interiores negros, con un cinto dorado con ribetes de un color más intenso. Un gorro típico sintoísta, una katana ceremonial, y debajo de todo ello un kimono rojo con una cola blanca que, junto con el gorro, la tablilla y el cinto, representaban su estatus como Kannushi mayor. En cuanto a su rostro, su pelo seguía y su barba de chivo seguían igual de blancos que de costumbre.

¿Qué tal las cosas por Kirigakure? Tu venida nos llena de alegría y jolgorio — dijo Sanjou, mientras Kazuki se reía internamente al descubrir que la voz de su “abuelo” no había cambiado demasiado, al igual que su pomposa y firme forma de hablar. — ¿Y qué tal le va a tu padre?, pero tranquilo, hemos preparado una pequeña comida para celebrar tu llegada, espero que nos relates muchas cosas de tus aventuras ¿Qué rango eres ya por cierto? — Dijo mientras dirigía a Kazuki hacia el templo.

Apariencia de Sanjou

[Imagen: 11498-1265788452.png]
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#3
Kazuki se sentía de nuevo en su infancia, recorriendo la pequeña ciudad que había alrededor del Templo de las Doce Gotas. Estaban pasando la zona del puerto, donde todavía se notaba un poco el aroma de los pescados que se habían vendido durante la mañana, y alguna que otra gaviota rebuscaba algún que otro trozo de víscera que hubiera podido quedar sin limpiar. Alún que otro gato las imitaba, o incluso, los menos domesticados, intentaban conseguir un doblete en comida. Pero Kazuki estaba a otros asuntos, estaba recordando las perrerías que había llegado a hacer de pequeño en el puerto, pero que habían llegado a su fin, al igual que la zona portuaria de aquella pequeña ciudad, pero, a pesar de la fina niebla que había en el ambiente, ya se podía vislumbrar la estructura del templo.

Ya en el jardín del templo, los recuerdos fueron más vívidos, pero el aroma de la comida del templo era aún más intenso y mucho más evocador de recuerdos que él estar ahí. Kazuki observó al árbol sagrado, enorme, más alto que el templo, con un gran tronco únicamente adornado con la cuerda ceremonial, el shimenawa. A Kazuki le encantaba subirse a la cima del árbol como si fuera su guarida secreta, y los días en los que la niebla era muy baja, el subir a las ramas altas le proporcionaba una vista maravillosa del templo bajo la niebla y un maravilloso cielo estrellado. Una suave campanilla le distrajo de sus recuerdos, era la señal de los monjes para ir a comer, y habían colocado una larga mesa en el mismo patio del templo, frente al gran árbol, y por supuesto no podían faltar los tradicionales onigiri del templo, receta que Kazuki aprendió antes de irse a la Isla Capital, como allí llamaban a la gran Isla donde se encontraba Kiri. Cuando terminaron el banquete, y haber conversado de todo con los monjes con los cuales había pasado su infancia, su acompañante lo llamó para hablar de forma más privada y segura sobre los asuntos que de verdad le habían traído de nuevo a la Isla del Norte; la misión de informar sobre posibles movimientos de los extremistas que querían volver al país del agua sangriento que durante algunos años fue, aunque en ese entonces Kazuki ni siquiera sospechaba que la persona que sentía como su abuelo estaba informado de sus asuntos como shinobi, así que entró, guiado por el anciano, esperando una distendida charla como las de la comilona.
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#4
Sanjou cerró la puerta una vez que Kazuki entró en la sala, y cerró las ventanas y encendió algunas velas a modo de iluminación suplementaria a la del fuego del hogar.

Toma asiento, he preparado un poco de té para ocasión — dijo mientras se sentaba en el cojín con las piernas cruzadas y se tapa con la suave manta que recubría la mesa — ¿No te parece demasiada casualidad que estuviera en el puerto justo cuando tú llegaste?

Kazuki se rio y contestó

Ya no soy el niño que abandonó la aldea — dijo señalando su bandana de Kirigakure.

Ya, sinceramente me sorprende que alguien como tú se alistase en el sistema militar, pero bueno el mundo está lleno de milagros y siendo el retoño de quién eres, no me extraña — dijo con un cierto tono de decepción, al recordar al padre de Kazuki, ya que a Sanjou no le terminó de hacer demasiada gracia que abandonase los votos, luego sacudió levemente la cabeza, para quitarse esos pensamientos de la cabeza.— Entonces, ¿Por qué crees que estaba ahí?

Han pasado ciertas cosas últimamente que me han hecho pensar que las casualidades no son fruto del azar, si no que nada es casualidad porque sí, así que supongo que tendrás algo que ver con la razón por la que estoy aquí.

Efectivamente — sonrió el monje, alagado en cierto modo por la forma que aquel travieso niño había madurado y había respondido su pregunta sin revelar demasiados detalles de su misión — Lo creas o no, tengo mis contactos en la aldea. Sugiero que hoy te lo tomes más tranquilo, y descanses, estarás cansado tras tu travesía. Un alma cansada tan solo aboca al desastre.

¿Algo que destacar de la situación? — dijo Kazuki dándole un largo sorbo a su vaso de té.

No, han estado bastante sosegados en las últimas jornadas, lo cual me trae malos augurios, puede que nos encontremos ante la calma que precede a la tempestad…

Continuaron charlando hasta que la luna estaba ya bien alta en el cielo, momento en el que Sanjou se retiró a realizar sus oficios religiosos de la noche, y Kazuki aprovechó para revivir sus travesuras de niño, se subió a la cima del gran árbol del templo, y se limitó a relajarse observando las luces de la pequeña ciudad. En parte relajado y en parte alerta, buscando un movimiento inusual.

Mañana va a ser un día ajetreado — pensó
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#5
Kazuki se despertó temprano, se levantó y se dio una ducha en las duchas comunales del monasterio, aún recordaba los horarios de los oficios, así que pudo tener la zona de las duchas para él solo y poder ducharse tranquilo. Decidió que desayunaría en una taberna de la pequeña ciudad, así podría tratar de escuchar algún cuchicheo o rumor sobre lo que había venido a investigar. No tardó demasiado en encontrar algo útil. Había una serie de panfletos pegados en algunos lugares de la pared, por el aspecto del material con el que estaban hechos, parecían bastante roídos por los elementos, de forma sigilosa lo despegó de la pared, aunque dejó un poco pegado en la pared. No llevaba puesta la bandana de Kirigakure porque no quería levantar sospechas entre los posibles enemigos que pudiera haber allí, así que se guardó el papel y ya lo leería más tarde.

Llegó a una pequeña cantina dónde pidió un bol de arroz cocido y algunas tiras de carne para desayunar, y para beber pidió un zumo de uvas o de la fruta que tuviesen disponible en ese momento, mientras comía, tenía el oído puesto en las conversaciones que ahí se cocían, algunas personas se le quedaban mirando, otras se le acercaban a preguntarle porque le recordaban de su infancia, cuanto más tiempo pasaba en la taberna, menos sensación le daba de que su lugar natal estuviese relacionado con los eventos que tenía que investigar. Decidió que antes de continuar con su misión debía consultar con alguien que estuviera más al tanto de la situación en el pueblo, y alguien en quién pudiese confiar, así que volvió hacia el monasterio a preguntarle a Sanjou sobre el panfleto y cuánto tiempo hacía que los habían colocado, lo cierto y verdad es que los habitantes no parecían prestarle la más mínima atención.
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#6
Kazuki estaba de nuevo a solas con Sanjou, quien lo miraba con una mirada serena.

Cuéntame pues, ¿Descubriste algún indicio? — dijo el anciano sentándose frente al kotatsu en el centro de la estancia y sorbiendo un poco de té.

No mucho, por eso he vuelto tan pronto — metió las manos en sus bolsillos y de ellos sacó un papel estropeado por haber estado expuesto a los elementos, y un poco arrugado de haber estado expuesto al bolsillo de Kazuki — ¿Qué puedes contarme sobre estos papeles?

Oh… — Sanjou parecía algo sorprendido, pero también un poco decepcionado al esperar un mayor descubrimiento — estos textos fueron la causa de que nos comunicaramos con la Kirigakure no sato, pero como usted, desconozco quiénes son los que provocan tal disrupción. — respondió, mientras Kazuki se rascaba un poco la cabeza ante la elección de palabras del anciano.

Pues parece que tendré que buscar más información de otras formas…menos convencionales.

Nunca olvides mantenerte en las sombras, los hados han querido que seas un shinobi, y nada me placería más que lo siguieras siendo, pero ahora debo retirarme a mis oficios. — hizo una referencia a su casi nieto, y dejó a Kazuki a solas en la sala.

Las campanas que anunciaban los oficios de la tarde fueron la señal que Kazuki esperaba para volver a su trabajo de investigación.
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#7
Kazuki cruzó el puente del templo y se internó en la pequeña ciudad, ya había estado en la taberna, así que esta vez caminaría por el puerto, quizás los marinos sepan algo de los movimientos, pero no tenía que parecer muy sospechoso, así que no llevaba la bandana de Kirigakure, sin embargo, sus planes comenzaron de forma estrepitosa cuando la hija del dueño de la lonja lo reconoció.

KAZUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUKI — dijo corriendo hacia él y girando los brazos de una forma exagerada, cómica, extraña muestra de afecto de la chica — ¿Cómo te van las cosas por Kirigakure? ¿Qué rango eres ya? ¡Ven, ven, cuéntame! Naoki está en la pescadería, ¡Seguro que también se alegrará de verte!

La chica parecía que casi arrastraba a un Kazuki que cuya cara era un poema, si tenía una tapadera, la tapadera acababa de salir volando hacia la estratosfera, y de forma casi instantánea, mientras se veía arrastrado por su amiga de su infancia podía ver como algunas miradas se clavaban en el “Shinobi de Kirigakure” como bien se había encargado la chica en gritar a los cuatro vientos. Aunque la verdad es que le apetecía ver a Naoki, el hermano gemelo de aquella chica, y uno de sus amigos más cercanos durante su infancia.
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#8
Naoki había cambiado bastante desde la última vez que lo vió, el trabajo como pescador y marino le había tonificado el cuerpo, y estaba bastante ancho, seguía teniendo algunas espinillas y tenía casi la misma cara que le recordaba, con los ojos azul verdoso que tan vivarachos eran. Vestía el típico traje de pescadero, una cinta atada a su pelo rubio, una camiseta blanca remangada hasta los hombros, y un pantalón pesquero negro liso, con unas botas de agua, cuando Kazuki llegó, Naoki estaba ocupado destripando los pescados más fresco y tirando las entrañas al otro lado. Ya desde pequeño tenía bastante popularidad con las chicas, pero ahora también lo era con las gaviotas, que se peleaban entre ellas por cazar un trozo de tripa.

NAAAAAOKIIII — gritó su hermano, Setsuko, pero su hermano ni se distrajo — ¡Mira a quién me he encontrado! —El chico solamente movio su mirada y al ver a Kazuki, abrió la boca y se le cayó el cuchillo, rápido como un leopardo le dio un abrazo a Kazuki que casi le saca las tripas a él.

Hombre, ¡Kazuki! ¡Cuánto tiempo! — Kazuki se alegraba, pero su ya habían volado su tapadera, ahora la estaban enterrando en un pomposo funeral de estado — No te veo desde…bueno desde que te fuiste a Kirigakure, pero si sigues igual de de delgado.

Ya… aunque tú parece que te hayas comido todo los pescados del mar y parte de las algas — dijo haciendo alusión al cambio de físico en estos años de su amigo de la infancia. — Oye te importa si pasamos dentro…parece que hace un poco de frío — mintió — estaba dando paseo y tengo las piernas cansadas.

Aaaagh, este Kazuki, siempre cansándose tan pronto, todavía recuerdo cuando vomitaste porque habías corrido demasiado y sin comer, espero que no seas igual en Kirigakure, o si no el país está salvado. — dijo de forma irónica mientras no paraba de darle golpes en el hombro a Kazuki

Setsuko protestaba de forma irónica y cómica, ya que gracias a la reunión de amigos, a ella le había caído la tarea de tener que limpiar el pescado, y ahora ella era la superestrella de las gaviotas. Mientras los dos chicos entraban en la habitación Kazuki sentía el peso de su misión sobre sus hombros, podía o debía contarle algo a quién fue su amigo más cercano en la infancia. No sabía nada de aquella organización, y todavía no se creía que estuviera ocurriendo en un lugar así, no esperaba que su amigo lo fuera, pero no podía cerrar esa posibilidad.
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#9
¿Y que te trae de nuevo por aquí? — preguntó Naoki a Kazuki, curioso por saber historias de su amigo de la infancia y de las aventuras que haya vivido por Kirigakure.

Sabía que tenía que mentirle, no le hacía especial gracia, pero era uno de los contras de trabajar como shinobi y estar llevando a cabo una misión, así que se limitó a decir una media verdad para no engañar completamente a un ser querido.

Pues he venido a visitar a los monjes, llevaba ya años sin verlos…

El viejo sigue ahí, parece inmortal, ¿eh? — le interrumpió Naoki, él seguía tan jovial como siempre.

Pues sí, me alegro por él, aunque nadie sabe mucho de la edad de ese señor, sinceramente.

Ya… — continuó su amigo — ¿Te apetece algo de comer o de beber? Seguro que tienes muchas cosas que contarme

Pues, la verdad, no puedo decir que no, aunque no debería venir tu hermana también — dijo mirando por la ventana — le has encasquetado tu trabajo a tu hermana, me siento mal por ella.

Tienes razón en eso, pero sigue charlando tanto, o incluso más que cuando era pequeña, ¿seguro que no quieres ahorrarte un dolor de cabeza?

Naoki salió al porche a llamar a su hermana para que entrara dentro mientras que iba a la cocina a por algo de comer. Kazuki se quedó observando el mobiliario unos instantes y siguió mirando por la ventana, por si un casual veía algo que le llamase la atención u algo fuera de lo normal, pero no, todo tranquilidad por la ciudad.

Naoki volvió con un poco de pescado en salazón, pescado ahumado y un poco de hidromiel de típica de la isla. Itsuki se sentó frente a él de modo que Kazuki estaba entre medio de los dos. La chica comenzó la conversación

¿Viste el incidente ese que todo el mundo habla que ocurrió recientemente?

Vaya, parece que por fin había algo que le pudiera llevar a algún indicio más sobre aquella organización…

¿Qué incidente? — preguntó Kazuki

Pues el reflote de la aldea de Kirigakure — dijeron los mellizos al unísono — ¿Estuviste allí?

Falsa alarma.

Eh — dijo un poco decepcionado al no haber obtenido un indicio para su misión — pues si que estuve ahí, y desde entonces no sé si me gustan tanto los perros — dijo riéndose.

Uy, ¿Y eso?

Hubo un extraño incidente, unos ninjas sospechosos que aparecieron por la reunión, pero poco más, en cuanto al reflote en sí, solo nos avisaron para que fuéramos a las zonas altas de la aldea en caso de que algo malo pasase.

Sus amigos escucharan embobados el relato, y cuando se acabaron la comida y la bebida siguieron hablando un buen rato, pasado el mediodía el padre de ambos se unió y dio la orden de que Naoki volviera al trabajo, y antes de despedirse a Kazuki lo invitó a un festival que se celebraba esta noche.

¿Eh? Ya que estás por aquí, por qué no nos acompañas al festival que se celebra está noche, estoy seguro de que tendrás un hueco en tu apretada agenda de shinobi.

Kazuki aceptó la oferta, si había un lugar donde podría obtener información y pasar desapercibido entre la multitud.
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#10
Kazuki volvió al monasterio a comentarle que tal le parecía el plan a Sanjou, pero antes tenía algo que hacer en el monasterio, subió al palomar mientras los monjes estaban en uno de sus oficios limpiando el santuario del dios del mar, y buscó a una paloma, sabía que había correspondencia entre la isla principal y la de la capital y cuando le asignaron la misión le dieron información sobre que ave usar para enviar información a Kirigakure, solo tenía que encontrarla eso sí. Tenía una marca especial y aparentemente estaba entrenada para detectar ciertas cosas y se sabía el camino a Kirigakure perfectamente, su rasgo más distintivo era que era gris, ese dato no ayudaba mucho ya que absolutamente todas eran grises, que le faltaba una zarpa en un píe, otro dato irrelevante ya que había algunas que solo tenían un dedo o un muñón por extremidad, pero que tenía una marca en el ala con el símbolo de Kirigakure, bingo. Cogió a la paloma, la acarició un poco, le dio de comer y le colocó la nota en la pata. En el código que le habían enseñado escribió:
“No hay movimiento por ahora, adjunto documento de interés”
Puso el cartel que había encontrado en su primer sondeo y mandó a la paloma a volar

Vamos bonita — le dijo mientras se despedía de ella.

Luego bajo a hablar con Sanjou sobre su idea.

Oh, el festival de la marea — dijo rascándose la barbilla — Desde tiempos inmemoriales ha sido un remanso de paz y tranquilidad, no me sorprendería si esos zascandiles obrasen sus maquinaciones en ese festival, pero es algo que preveo muy poco probable, pero tienes mi permiso para ir.

¿Cómo que tu permiso para ir? — dijo Kazuki un poco sorprendido — ya tengo una edad para esas cosas, y ya no vivo aquí…

Te lo digo como tu supervisor encargado por Kirigakure en está empresa, yo mismo marqué la paloma que te vi mandar cuando el sol estaba en su cénit. — dijo con una sonrisa calmada, pero que a Kazuki le pareció un poco burlona, y con las mangas unidas en un gesto de reverencia. — Puedes coger ropa más apropiada si lo deseas de aquí.

Kazuki aún sorprendido, hizo una reverencia y se fue de la sala personal de Sanjou, a descansar y a prepararse para la noche.
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#11
Kazuki llegó al festival y se reunió con sus amigos, todos llevaban ropas tradicionales japonesas, Kazuki llevaba un kimono negro con adornos marítimos, Naoki vestía un yukata abierto que dejaba ver parte de su torso, con lo que Kazuki no pudo evitar bromear con su amigo de la infancia.

 — Buscando atraer a las damiselas, ¿señor pescadero?

 Todos rieron ante la ocurrencia de Kazuki, y él se dio cuenta que la hermana de Naoki, Umi, había sufrido también la magia de la adolescencia bastante bien, y ya no era la chica que siempre tenía un moco colgando de su nariz, se había vuelto una chica esbelta, de cabellos de color caoba que contrastaban con los tonos malvas de su kimono femenino atado con un cordón negro con unos cascabelillos plateados.

 — He oído que va a haber un discurso en la plaza central, ¿nos quedamos a escuchar a ver qué es?

 — Seguro que solo es el pregón. — Respondió Umi a su hermano.

 Una horrenda canción proveniente del estomago de Kazuki interrumpió la conversación de los dos hermanos.

 — Será mejor que vayamos a comer antes — dijeron los mellizos casi al unísono.

 Optaron por un puesto tradicional que tenía un gran letrero en Kanjis blancos sobre fondo verde que leía “Mar y Huerta” y pidieron varios tipos de platos, Naoki estaba harto de pescado, así que pidió algo de marisco, Umi sí pidió pescado y bromeó con la comida a su hermano, Kazuki se decantó por tiras de ternera encebolladas, echaba de menos la carne de las terneras de la Isla del Norte así que permitió aquel capricho, sin embargo se escucharon unos fuegos artificiales, y tras la traca el final, el desagradable sonido del acople de un micrófono y el agudo sonido que a veces hacían esos aparatejos.

 — Parece que ya va a empezar el discurso.
Narro/Hablo/Pienso
[Imagen: 5vBlbtR.png]
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#12
Se escuchó un tumulto entre la multitud reunida alrededor del escenario en el que se iba a realizar el pregón. Kazuki y sus amigos estaban bastante lejos como para escucharlo bien, pero de haberlo estado habría escuchado golpes y puñetazos, y el silencio de una población no acostumbrada demasiado a la violencia.

 Al escenario de madera subió un hombre de mediana edad, alto, con una melena larga de color plateado, con ojos de un color ámbar amenazantes. Vestía ropas anchas con una espada ceñida a la espalda. Su atuendo era bastante tradicional, con un yukata rasgado de color blanco, debajo un hakama negro y unos pantalones casi bombachos de color rojo todo ello atado con un cinturón verde, pero lo que más destacaba aparte de su fría mirada, era la extraña máscara que llevaba a forma de visera en cuyo centro podía verse el diseño de un ojo abierto de par en par. Aquel desconocido se acercó al micrófono dispuesto a comenzar su discurso cuando la atención de Kazuki hacia aquel sujeto se vio interrumpida por las palabras de Naoki.

 — Ese tipo no es de por aquí, el pregón siempre lo da un nativo de la isla…
Narro/Hablo/Pienso
[Imagen: 5vBlbtR.png]
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#13
Aquel sujeto comenzó a hablar bajo las atentas y asustadas miradas de un público que esperaba atender una festividad anual de aquella pacífica Isla del Norte y que habían visto su paz aparentemente mermada por aquel tipo y los dos encapuchados que lo acompañaban.
 — El País del Mar se ha tragado muchas víctimas, hombres inocentes, como vosotros, y bravos guerreros, pero la niebla blanca nos ha vuelto pusilánimes, y más a esta… — el sujeto escupió — repugnante isla, ¿De qué sirve la paz? ¿Para que los países se aprovechen de nosotros? ¿Qué hicieron las otras aldeas mientras nosotros nos ahogábamos con la piedad del Dios del Mar? A ese al que tanto se reza aquí, la niebla se alzara, pero no blanca, si no roja y sangrienta está vez. Preparaos para ello. No tengo más que decir.
 Con la misma mirada desafiante, y a la vez inexpresiva que había mantenido durante todo el discurso camino de forma ágil pero tranquila, junto a sus dos encapuchados, sin mediar palabra alguna. Los habitantes del pueblecillo le abrieron paso, evitando la mirada e intentando no provocarlo mientras que otros atendían a los heridos que se habían visto envueltos en el tumulto, heridos de gravedad y por arma de filo. Kazuki habría deseado actuar, pero de ser así habría tirado al traste su misión, ya tenía lo que quería saber. Podía notar las miradas de sus amigos clavadas en él mientras se levantaba sin decir nada, corriendo hacia el monasterio, debía informar al anciano y volver a la aldea inmediatamente, aquel grupo no era ya tan pasivo como creía el consejo.
Narro/Hablo/Pienso
[Imagen: 5vBlbtR.png]
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