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Mansión Kinjō
#1
Había costado mucho tiempo ayudar a padre a organizar nuestro hogar como lo recordábamos. Tras el desastre del Gran Tsunami apenas quedaron las paredes en pie, mas no terminó de ser un problema. El patrimonio Kinjō nos ayudó rápidamente a reformar el edificio, con la contratación de una gran cantidad de empleados, tanto para las labores de reconstrucción como para el posterior cuidado de las instalaciones. Pese a que quizás no les gustase a algunos, al fin y al cabo era un buen trabajo estar al servicio de la familia, una buena paga y grandes ventajas.

Apenas se vería de cara al público más alla del gran recibidor con las escaleras bifurcadas hacia las dos alas del primer piso, donde residíamos padre por un lado y yo por el otro. Ambos contábamos con sendas habitaciones para nuestro apropiado descanso y estudios propios con ingentes cantidades de libros traídos de lejanas tierras, con la mayor diferencia en que el de padre era más bien un despacho, con sus grandes archivadores llenos de cuentas y finanzas, mientras que el mío suplía aquellas carencias con mayor número de estanterías repletas de conocimientos shinobi.

En el piso de abajo, a la diestra de la estatua que se veía rodeada por ambas escaleras, se encontraba un gran comedor, seguido de la cocina y diversas habitaciones reservadas para el servicio, tanto para sus labores como para sus momentos de descanso. En el lado opuesto de la edificación se encontraba un gran salón, con una chimenea presidiendo el centro de atención de la sala, hacia la cual se enfocaban algunos sillones de excelente acabado de tapicería, en el centro de los cuales residía una mesa baja de cristal, donde reposar los papeles de asuntos a tratar o las bebidas pertinentes de la reunión de turno ya fuese con conocidos, familiares o socios de negocios. En el centro del recibidor, entre ambas direcciónes de escaleras, a la vista por encima de la estatua central, se veía un cuadro de una hermosa mujer de largos cabellos del color del mar en la noche y brillantes ojos con un tono celeste, tal y como la recordaba en mi niñez, quizás magnificada después de tantos años por la mente de padre, un retrato de la que era madre.

Estadísticas e inventario

Nivel: 2
Fuerza:
10
Resistencia:
10
Velocidad:
10
Agilidad:
10
Destreza:
10
Presencia:
10
Inteligencia:
10
Control de chakra:
10

Vida: 60 Chakra: 70 Estamina: 78

No hay objetos en el inventario.

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#2
Cerca de un año había pasado desde que logramos volver, pero tan solo unos pocos meses de que la casa estuviese completamente reformada y perfecta, como a padre le gustaba. Tampoco negaba que a mi me gustase vivir en un lugar tan cuidado, pero el que siguió minuciosamente la obra y consiguiente remodelación fue padre, y su forma de llevar a cabo el objetivo de dejar nuestro hogar como antaño fue excelente.

Del mismo modos que nosotros, y nuestro ya contratado servicio, nos acomodamos finalmente en nuestro hogar, también comenzaron a venir representantes con los que padre solía tener serias conversaciones, obligándome a estar presente en la mayoría, aunque tampoco tenía demasiada intención de perdermelas, ya fuese por el simple hecho de aportar otro par de oídos y consejos de la visión de un jóven frente a las claras ideas de un experto aunque chapado a la antigua.

Aquel día era diferente. No solo el invitado no era el habitual, sino que además era alguien que apenas había logrado el cargo recientemente... y no es que el que lo ostentase anteriormente llevase demasiado en el mismo antes de abdicar. El Mizukage tenía ciertos temas que tratar con padre, y dentro de mis capacidades le ayudaría en tales labores, más contando que vendría el mandamás de la aldea en persona, y no un simple representante.

Todo estaba dispuesto. La sala de estar del bajo con un pequeño juego de té, diferentes bandejas de postres perfecta y cuidadosamente preparados, y un carrito de servicio con diferentes añadidos, sobre todo diversas bebidas alternativas a la que padre había optado por dejar como principal. Esperando su llegada, ya me encontraba en dicha sala, a la espera, con un libro de historia de la aldea. No quería... No podía quedar en evidencia ante el más alto rango de nuestra patria.

Y no se hizo esperar el momento. El timbre de la puerta sonó, y la doncella del servicio abrió la puerta, recibiendo al invitado con una modesta actitud y una gran reverencia justo antes de que pudiese decir nada pude oír la voz de padre, quien con su buen carácter recibiría al invitado con los brazos abiertos antes de hacer por parte una reverencia quizás más leve y achacosa, pues pese a que lucía menor del medio siglo ya rozaba peligrosamente los sesenta, y aquello lo notaba en los huesos.

- Bienvenido, mi señor Mizukage, a mi humilde morada - un hombre recto, mayor, con un lustroso bigote perfectamente arreglado, el pelo bien peinado con la raya a un lado y numerosas canas, agrupadas mayormente a la altura de sus sienes y en el vello facial, ataviado con un elegante traje traído de lejanas tierras.
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#3
No sé si esta casa es mas grande que el edificio del Mizukage entero…

 Dijo el Mizukage sin darse cuenta de que lo había pensado en voz alta mientras observando la mansión le tendía la mano al señor que le había abierto la puerta.

 —Kinjō-san, supongo. Hoshigaki Hojiro, un placer.

 Hojiro entró en el recibidor de la mansión con su atuendo normal, sin el sombrero, pero sí con su característica capa azul con detalles de color niebla. Pudo ver también como alguien más joven que el señor Kinjo estaba en la sala y le dedicó un saludó con la mano y se sentó en la silla cerca de él, dejando su capa colgada en la silla y remangándose las mangas de su chaleco ninja, dejando ver su piel pálida con ciertas tonalidades azul palido, con venas marcadas debido al entrenamiento marcial que se había sometido desde pequeño el Hoshigaki, haciendo que no quedase muy voluminoso pero su cuerpo era casi todo pura fibra. Se rascó la barbilla mientras esperaba que el amo de aquella casa se sentase y empezase él la reunión, no sin antes preguntarle al chico que tenía al lado su nombre y quién era.

Estadísticas e inventario

Nivel: 7
Especialización: Taijutsu
Todos sus ataques cuerpo a cuerpo reciben una bonificación de 5 puntos de daño, y sus técnicas de Taijutsu requieren 5 puntos menos de estamina.
Fuerza:
62
Resistencia:
64
Velocidad:
68
Agilidad:
68
Destreza:
62
Presencia:
68
Inteligencia:
68
Control de chakra:
62

Vida: 380 Chakra: 458 Estamina: 505

Chaleco ninja, Katana, Píldora soldado, Píldora soldado, Porta-Utensilios nivel 5, Porta-Kunais nivel 5, Porta-Kunais nivel 7, Porta-Utensilios nivel 7.


[Imagen: jjJHwG9.png]
[Imagen: 5vBlbtR.png]
Narro/Hablo/Pienso
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#4
- Kinjō Jōshiro a su servicio, en efecto. El placer es mío. Pase por aqui - Indicó padre, orientando su mano hacia mí, mientras pasaban a la sala, levantándome y haciendo una reverencia con la diestra en el pecho, cerrando los ojos y pies juntos - Éste es mi hijo...

- Kinjō Jō. Es un honor conocerle, mi señor Mizukage - Me apresuré a decir, siguiendo sus propias palabras, para sentarme de nuevo una vez el invitado tomo asiento, seguidos padre a su vez, en su propio asiento. La jóven que abrió la puerta entonces preguntó si deseaba algo para tomar en lo que durase la reunión, mientras padre abría unos libros de cuentas sobre la mesa.

- Espero que no le incomode la presencia de mi hijo, pero espero que algún día siga mis pasos, aunque por le momento no sea así - bromeó intentando romper el hielo mientras que yo dejaba el libro que sostenía sobre la mesa. No debía defraudar a los allí presentes y mi respeto tomó forma de atención y silencio, al menos por el momento - Bien, supongo que se sabrá exactamente por qué quería hablar con usted, ¿verdad, Hoshigaki-dono? - Algo afectado por la situación actual, se le notaba en el tono de voz a padre. Ciertamente el corte de líneas comerciales con el país del Viento podía afectar a sus negocios, aunque no fuese culpa suya, pero él siempre quiso lo mejor para su patria.
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#5
¡Oh! ¡No me molesta en absoluto! Siendo de mi edad, y si es tan avispado en las finanzas como su padre, estoy seguro de que podrá servir muy bien a nuestra aldea. Dime, Jō, ¿A qué te dedicas?

 Las bebidas se sirvieron y Hojiro tomó un sorbo mientras escuchaba a Jōshiro.

 —Exacto, ambos sabemos para que estamos aquí. Y no vengo a regañarle por tener negocios con el País del Viento. Como bien sabrá existe la posibilidad, y bien alta, de que se clausuren las relaciones entre nuestro País y el suyo, no sé si está al tanto de los eventos recientes, pero estaré encantado de ponerle al día si no lo sabe.Mi plan es el siguiente, quiero que idee un plan de negocios, con otros países, que supla la falta de beneficios de la ruta entre el País del Viento y el País del Agua. No entiendo mucho de economía, es por ello por lo que le pregunto a usted. ¿Se le ocurre algo? Creo que es una propuesta para el mutuo beneficio tanto el suyo como el de la aldea.

[Imagen: jjJHwG9.png]
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#6
- Procuro estudiar tanto como me es posible mientras ayudo a padre con sus negocios dentro de mi falta de experiencia. Por otro lado... - un leve suspiro escapó de entre mis labios - Quiero resultar útil de un modo más activo a la aldea, así que procuraré seguir los pasos de mi difunta madre - Un golpe de sinceridad, y algo apenado por recordar el pasado. Madre era una buena mujer, o al menos en aquella corta edad cuando falleció así me lo parecía, además de las historias que contaba padre sobre sus hazañas.

- Como ve es un muchacho fuerte. Hara un buen trabajo hasta que decida que hacer con su futuro - sus palabras, como siempre, denotaban el deje de desazón que afligían su propio corazón, esperando que me alejase de aquellas andaduras entre shinobis y volviese a centrarme solo en el negocio, pero siempre lo intentaba, si no no se quedaba agusto del todo.

Ambos estuvimos especialmente atentos a las palabras del mizukage, sin duda una preocupación par nosotros, sobre todo para los tratos comerciales de padre en el extranjero.

- Como me imaginaba... no son solo habladurías - suspiró fuertemente, dándo un pequeño sorbo a su taza de té y llevándose la mano al mentón, pasando luego sus dedos índice y pulgar por ambos lados del bigote - Estoy al tanto de la situación, y comprendo sus motivos. Es cierto que tengo grandes e importantes conocidos en el País del Viento, pero si bien es necesario llegar a esos extremos... haré cuanto esté en mi mano para mantener nuestra economía y comercio a flote. Muchos productos suyos son artesanales y tienen buena acogida, pero siempre hay algún otro sitio de donde agarrar.
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#7
¿Y por qué no te unes a los ninjas de Kirigakure? No nos vendrías mal en los tiempos que corren— Dijo Hojiro al joven de los Jo. — Mi padre fue mercenario y yo he acabado siendo el Mizukage, puedes seguir con el negocio familiar y ser ninja a la vez. No veo ningún problema.

 El Mizukage miró sonriente al padre del joven. Quería preguntarle al chico sobre su madre, quizás él la habría llegado a conocer, pero eso sería descortés y implicaría desviarse sobre el tema principal por el cual había sido invitado a la casa de los Jo.

 —Pero volvamos al asunto que nos concierne. No, no son solo habladurías, hubo un atentado e intento de violación por parte de un genin de Sunagakure. ¿Qué tal el País del Fuego? Quizá no se mantengan ajenos al posible conflicto si les ofrecemos un trato bastante beneficioso. Si hay guerra, me gustaría tener una gran cantidad de cartas bajo mi manga.

 El Mizukage seguía sonriente, pero esta vez una sonrisa similar a la de un niño pensando su próxima obra maestra de las travesuras mientras se rascaba la poca perilla que tenía.—¿Se le ocurre algo?

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#8
- Actualmente pertenezco al cuerpo como Gennin. Al poco de volver tomé las pruebas y quitando el tiempo de entrenamiento básico casi me gradúan inmediatamente - asentí rápidamente. De hecho a nivel teórico y todos los exámenes escritos estaban resueltos con matrícula de honor, y tan solo fue la práctica para comenzar a dominar las técnicas esenciales lo que tomó parte de mi tiempo en la academia.

Acto seguido, ya comenzó el verdaro punto de la reunión, con brazos cruzados y los ojos casi cerrados escuché atentamente tanto al señor Mizukage como a mi propio padre y sus primeras impresiones. Era natural ver que el causante de aquel revuelo es el que alcancé a ver en un día anterior ajusticiado por el mismo hombre que ahora estaba sentado junto a mi.

- El País del Fuego... - murmuró mi padre una vez más - Será dificil contentarlos con simples tratos comerciales. Al fin y al cabo, dentro de lo desastrosa que fué, fueron los que mejor parados salieron de la última gran guerra. Nosotros perdimos el hogar, y otros.. bueno, quién mejor informado que usted al respecto sobre que ocurrió con las demás grandes naciones. Sin embargo es buena idea potenciar nuestros negocios con ellos, no solo para paliar alguna carencia con el desacuerdo con el País del Viento, sino como bien dice para intentar estrechar algo mas los lazos.

- No se hasta donde podrá ser interesante, pero... - una idea surcó mi mente, y si era para sacar provecho para nuestra aldea y atar en corto a nuestro actual oponente no tenía pensado callármelo, por disparatado que fuese - podríamos intentar aislar al País del Viento comprando a los países pequeños de sus alrededores. - Aquella frase sono con una falta de escrúpulos bastante intensa, prosiguiento entonces con mi plan - De ese modo podríamos lograr, si las negociaciones funcionan, que queden relevados a un segundo plano sus planes comerciales con el País del Viento, e incluso podría llegar a afectar a su economía si logramos quitarle varios socios de su entorno cercano. No creo que llegase a tanto, pero se podría incluso llegar a sobornar en parte a sus diligentes para que cierren sus fronteras al paso a sus comerciantes provenientes - añadí gesticulando con la diestra, aun reposando el codo de la misma en la zurda, mirando de reojo al Muzikage, esperando su reacción.
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#9
La idea que había expuesto Jo no le pillaba por sorpresa, ya lo había pensado, incluso intentar sobornar a la tan molesta coalición de países menores, pero ¿Qué pasaría con su reputación y la del país? Era un paso que hasta él con sus tretas no estaba dispuesto a llevar a cabo.

 — Antes de llegar aquí tienen que pasar por el mar, y con él no podemos comerciar, al menos no de manera convencional. ¿De qué países estaríamos hablando? ¿Son todos miembros de la coalición? Aunque también cabe la posibilidad de que el País del Viento termine capturando alguna de nuestras rutas comerciales. ¿Y cómo se vería afectada la economía del País del Agua?

 Luego el Mizukage se dio cuenta de que había estado hablando más con el hijo que con el padre.

 —Pero usted, señor Joshiro, es el experto en estos temas, ¿Cuál es su opinión?

 Luego le susurró a Jo.

 —Felicidades por tu ascenso a Genin.

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#10
Permanecí en silencio, al igual que padre, ante las palabras y dudas del Mizukage. Era evidente que había muchas cosas en juego, y dada la situación no dejar cabos sueltos, o al menos atar cuantos se pudiesen, era la manera indicada de proceder. Ante tales dudas, debido a mi carencia de experiencia preferí mantener silencio y dejar que padre hablara, no sin antes escuchar las felicitaciones del invitado en cuanto a mi ascenso, a lo que respondí, con una leve reverencia, la que me permitía mi posición estando sentado, llevando la mano al pecho y entrecerrando los ojos.

- Bien es cierto que sobornar países en una opción, pero no una viable. Puede que funcione si ésto queda en un enfrentamiento y luego cada uno por su lado, pero si la situación se escapa de nuestras manos y terminamos en guerra no podríamos contar con ellos. Igual que pueden aceptar nuestro dinero podrían aceptar el del enemigo, y sin nadie allí para comprobarlo podrían incluso jugar a dos bandas y enriquecerse a nuestra costa. Sugiero más bien potenciar el comercio con todos nuestros países vecinos y socios habituales. Ellos llevarian mas beneficio, el que de nuestra parte iria al país del Viento, y nosotros supliríamos las pocas carencias de anular esas rutas. no siempre hace falta tomar medidas demasiado exageradas aun en la situación en la que estamos - sonaba tranquilo, meditativo. Sin duda se notaba sus años al mando de tantos contratos y socios comerciales.
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#11
Hojiro se rascaba la cabeza, no entendía demasiado de economía. Siempre que había cuestiones de índole económica en su despacho, era normalmente uno de los ancianos de la aldea quién le explicaba de qué iba más o menos la cosa, pero ahora estaba solo ante el peligro. La economía estaba en buenas manos, pero el Hoshigaki tenía el miedo de que cualquier fallo en su decisión pudiese desembocar en una espiral de crisis económica.

 — ¿Y a qué País irían esas rutas comerciales? ¿No crearía eso problemas económicos? Porque eso es lo último que me gustaría para la aldea, y cómo puede observar no entiendo demasiado de economía. Aunque dígame, espero que el País del Mar esté fuera de esos planes. Porque lo está, ¿verdad?

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#12
Las dudas del Mizukage eran palpables, y más cómo él mismo reconocía al no saber sobre las cuestiones económicas. Sin embargo si que había un punto bien claro en sus intenciones, y era evidente debido el historial entre los países, a lo que padre respondió alzando los brazos en símbolo de tranquilidad hacia nuestro invitado.

- Descuide, mi señor Mizukage. No tenemos intención de comerciar con nuestros enemigos jurados, tendríamos mucho que perder tan solo de intentarlo. No me quiero ni imaginar un convoy hacía sus fronteras y que se convierta en un secuestro - En este caso era padre quién mostraba su preocupación, y con contundencia. No solo por el hecho de aquellas personas que se dedicarían a gestionar los negocios, sino por sus propios conocidos dentro del mundo que terminarían arriesgando su pellejo.

- Imagino que lo más conveniente es paliar la falta de mercancías por parte del País del Viento potenciando el comercio con el País del Fuego y otros países vecinos más pequeños. Al fin y al cabo asegurar las rutas no debería ser muy complicado ya que la mayor parte del recorrido podría ser la misma que se utiliza para llegar al Páis del Fuego y los marineros ya la conocen bien - participé, intentando desviar las preocupaciones de ambos y dar con la solución que esperaba daría padre en aquella situación. Y en efecto así fue, pues su sonrisa orgullosa se dibujó bajo su bigote al dedicarme su mirada.

- En efecto, Jojo. Espero que eso satisfaga sus necesidades para con el pueblo, mi señor Mizukage - terminó añadiendo padre, esperando la reacción del mandatario de la aldea.
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