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[Misión Diplomática] El Sitio de Panshubo
#21
Nobosuke no dejaba de masajearse las sienes con los dedos. Le dolía la cabeza, como si hubiese llegado a su límite por hoy. Mientras los shinobi terminaban de hablar, levantó la cabeza y miró a uno de sus subordinados haciendo un gesto que este comprendió al instante. El general del País de la Hierba se levantó de su asiento, gesto que fue imitado por los tres negociadores, dando fin a la charla. Nobosuke dijo unas últimas palabras antes de dar media vuelta y marcharse.

Bien, pues aquí acaban las negociaciones. Necesitaré unas horas para comunicar los nuevos puntos a mis superiores. Una rebaja de los costos por desperfectos en Puerto Degarashi y el apoyo de civiles como mano de obra en nuestras naciones. Como parte del acuerdo, retiraré el sitio sobre Ciudad Panshubo y permitiré la entrada y salida de civiles y ayuda humanitara, pero mantendré a mi ejército en el País del Viento. Si nuestras condiciones no se cumplen, volveremos a atacar la villa y esta vez no habrá acuerdo alguno. Que tengan un buen día. - dijo colocándose su gorra de oficial tras colocarse firme y marcharse.

Se invitó muy amablemente a los tres shinobi a que abandonasen el edificio por la misma puerta que habían entrado, la misma por la que Nobosuke había salido instantes antes. Allí afuera esperaba una veintena de soldados de élite, tropas que nunca antes habían visto los ninjas de Suna, Kiri o Konoha. Se trataba de guerreros equipados con armaduras de material oscuro brillante, pero más ligero que el metal. En sus manos equipaban los poderosos mosquetones de la Coalición, pero en sus muslos había portautensilios y katanas a su espalda. Lo más intrigante es que su rostro era cubierto por una especie de máscara con yelmo, que hacía que sus voces fuesen artificiales, como si de una radio se tratara. Todos observaron a los tres embajadores con atención, pero no movieron ni un músculo. Alguno de los otros guardias osó burlarse de ellos, pero esta unidad de élite no. Aguardaron al VIP y lo escoltaron de vuelta con el resto del ejército.

Una vez llegaron al campamento del Ejército del Viento, pudieron comprobar que la situación no había cambiado demasiado. En esta ocasión, cuando entraron a la tienda personal del Señor Feudal, todos los demás generales y señores de la guerra se quedaron para escuchar los resultados de la negociación. Estaban intrigados, si verdaderamente lo habían conseguido o deberían prepararse para el inevitable enfrentamiento.

¿Y bien? ¿Lo habéis conseguido? - dijo el joven señor - Mis exploradores confirman movimiento de su vanguardia. ¿Están preparando un ataque o se retiran? ¿Debemos prepararnos para lo peor? - al igual que antes, el Señor del Viento se mostraba inquieto, no dejaba de moverse de un lado para otro de la tienda con la copa en la mano,
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#22
La decisión de Darak me pareció correcta. No sabía exactamente de cuánto dinero se estaba hablando, pero de cualquier manera, era una forma saludable de resolver ese conflicto de intereses. Los gestos de Nobosuke me hacían creer que se le estaban quemando las neuronas intentando evaluar la situación, lo cual, fuera como fuese, me alegraba. Que pagase una parte de su desagradable forma de ser teniendo que apañárselas con nuestras proposiciones. Tras unos movimientos entre este y otro compañero suyo, me levanté al unísono y escuché las últimas palabras del viejo antes de que saliese por la puerta. Realmente había "funcionado", al menos de manera temporal, todo aquello que habíamos planteado: Pensé que querría regatear mi oferta, de haberlo sabido hubiese bajado el precio aún más - pensé, siguiendo su caminar con mi mirada, hasta que le pude perder de vista. Aún quedaba que lo hablase con sus superiores, y para nuestro gran beneficio iba a retirar el sitio de Panshubo como prometió. Lo único que me preocupaba es que mantendría a su ejército por estos lares, a fin de que cumplamos con nuestras obligaciones. Era lo justo, pero suponía tensión y miedo, ya que no me fiaba nada de sus palabras. Quise dar un voto de confianza, pues tampoco había otra opción. 

Abandonamos el edificio, pues ya no pintabamos nada allí, y quería abandonar el lugar lo antes posible. Poco a poco iba relajándome y tomando conciencia de lo que había pasado. El corazón me latía con fuerza por eso mismo, sumado el estrés y la necesidad de alejarme del peligro. Mis ojos seguían observando el ambiente, tratando de evitar peligros y estar con la guardia alta por lo que pudiese ocurrir. Cuando pisamos la calle, una serie de soldados estaban frente a nosotros, con unas vestimentas muy extrañas. Jamás había visto nada igual, sus armas se parecían en cierto modo a las que portaban los defensores de Degarashi, y sus máscaras no tenían similitudes con las de los ANBU. Eran escalofriantes, y su porte inspiraba respeto y temor. Traté de mantener mi mirada sobre ellos, analizando el peligro, ignorando por completo las burlas de terceras personas. 

Nos dirigimos a los camellos que nos habían traido hasta allí un tiempo atrás, y comenzamos a volver al campamento del País del Viento. Miraba de vez en cuando hacia atrás, pensando en lo hermosa que volvería a ser Panshubo tras recostruir lo que se hubiese echado a perder y liberarse de las garras de los "enemigos". Comencé a sentir un poco de neuralgia, toda la tensión que había estado acumulando comenzaba a manifestarse desde que habíamos emprendido el viaje de vuelta. Me apoyé sobre el camello, ya un poco más acostumbrada a cómo se montaba, mientras suspiraba unas palabras: Chicos, buen trabajo. Creo que ha salido mejor de lo que esperaba - dije, girando mi cabeza hacia ellos y esbozando una cansada sonrisa. La respiración se volvió entrecortada, al ritmo de los latidos de mi corazón, que se hallaba quejumbroso. Después de aquello merecería la pena tomarse unos días de descanso, y meditar todo lo que había ocurrido: Espero que el Señor Feudal sepa encajar el tema de los trabajadores, demasiado que hemos conseguido evitar el esclavismo de Panshubo y la guerra - terminé, tornando mi mirada al horizonte, soltando una pequeña risa que me liberaría de la tensión. 

Cuando llegamos al campamento, entramos a la tienda del joven guerrero, bajo la atenta mirada de unos cuantos soldados. Parecía que estaban tensos, pues la información que traíamos era importante, para bien o para mal. Hice una reverencia respetuosa al entrar, mientras escuchaba sus palabras. Muchas preguntas, lo que suponía nerviosismo o inquietud: Señor, hemos evitado la guerra - respondí, con orgullo y una pequeña sonrisa. Me tomé un segundo de pausa para tomar aire y presentar las partes negativas de la negociación: Sin embargo, como toda negociación, hemos quedado en unas condiciones. Se liberará a Pashubo del sitio pero el ejército del País de la Hierba y de la Lluvia mantendrán el ejército por aquí hasta que las cumplamos - añadí, mientras resoplaba por los nervios: Las condiciones son que las tres aldeas involucradas en la catástrofe de Puerto Degarashi han de pagar 420.000 ryos cada una para las reparaciones ocasionadas en dicha incursión - esperaba que esa magnitud no fuese motivo de sorpresa para el Señor Feudal: Y, por otra parte, pidieron que les diesemos esclavos. Sin embargo, supimos buscar una solución mucho mas salubre, por lo que ofrecimos que los desempleados del País del Viento fuesen a trabajar a Amegakure y Kusakure en puestos fronterizos, pagados un 50% por dichas aldeas y el otro 50% será administrado por la Arena. De esta manera estos trabajadores podrán tener una vida plena, a pesar de estar algo distantes de su hogar, tendrán apoyo económico. Ellos tendrán la mano de obra que exigían y nosotros no mandaremos esclavos, y también serivrá para enriquecer en parte al País del Viento - terminé, mientras observaba las reacciones que tuviese el hombre: No sé si me he dejado algo, corregidme si me olvido de algún matiz - por un momento me había mareado un poco, aunque no lo había manifestado. Coloqué la mano derecha sobre mi frente, comprobando que me había subido un poco la temperatura. Esperaba que todo estuviese en orden, y que no hubiese problema con las condiciones.
Narro - Hablo - Pienso
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Darak <3

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#23
- Por fin.- Eifen evitó dar muestra alguna de cansancio o duda, y mantuvo la mirada en el general Nobosuke. Algo le decía que no sería la última vez que se verían, y el Uchiha esperaba que, por el bien del viejo, no fuese como contrincantes. Ya se había hartado de él en sólo la hora que habría durado la contienda diplomática. Aún así abandonó la estancia con una amenaza en los labios, y Eifen se arrepintió siete veces de no haberlo matado en su misma silla.

Los tres ninjas abandonaron la posada también, y se toparon casi de frente con un grupo de soldados diferentes a lo visto anteriormente. ¿Máscaras y armadura? ¿Portautensilios y demás aparejos de ninja? Eifen anotó mentalmente lo que estaba presenciando para informar también de ello.

- Lo habéis hecho bien.- Dijo, sonriendo a ambos.- Muchas gracias por ayudar en esta misión. Después de lo sucedido en Kirigakure, tener a ninjas capaces y de corazón justo como vosotros al lado es un alivio.- Normalmente no se podría notar si realmente sentía lo que decía, pero en esa ocasión el Uchiha dejó que su expresión fluyera con normalidad, dando resultado a una sonrisa amable, hasta cerrando los ojos.

La llegada al campamento fue más lenta que la ida a la posada, pues  los camellos notaban perfectamente el cansancio de sus jinetes y adecuaban el ritmo a ello. Entraron a la tienda y fue Gaia quien tomó la voz cantante.

- No sé si me he dejado algo, corregidme si me olvido de algún matiz.

- Me gustaría añadir que vimos a unos soldados con máscaras, armadura oscura y equipamiento ninja. Las máscaras me recordaron a las de los samurái del País del Hierro.- Explicó, dando un paso hacia delante.- Escoltaron al general Nobosuke.- Hizo una pequeña pausa, tras recordar algo que llevaba tiempo queriendo hacer.- Excelencia. Me gustaría poder entrar a la aldea de Sunagakure no Sato durante el proximo día, pues mi padre nació allí, y deseo visitar su antiguo hogar. Si pudiera garantizar que un ninja de Konoha entre sin problemas...- Hizo una reverencia, finalizando y volviendo a su sitio.

Narración / Eifen / Yatako / Kakashi / Shingetsu / Uzu / Pensamientos

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#24
Todo había salido mejor de lo esperado, quizas aquel hombre estaba cansado o quizas le había parecido un trato razonable, incluso puede que ambos. El caso es que ya había acabado. Aquel hombre salió del lugar y los ninjas le siguieron. Darak se hallaba algo sorprendido por la rápidez de las negociaciones, y con que hubiesen salído tan bien, pues previamente veía pocas probabilidades de ello. A las afueras unos extraños ninjas esperaban, con indumentarias y armas  algo extrañas. Se subieron a los camellos y volvieron a la base a informar al noble sobre lo sucedido. Gaia y Eifen hablarón del buen trabajo allí hecho evitando la guerra, se les veia contentos a lo que Darak respondió con una sonrisa - La verdad es que me lo esperaba bastante peor, ha habído suerte. A poco les quemo vivos - Dijo riendo.

El noble se encontraba nervioso, creía que iba a empezar la guerra, pero no era así. Gaia le explicó todo lo sucedido y los pactos realizados. A simple vista no parecía que saliesemos muy bien, pero había que tener en cuenta la idea inicial del pacto y el hecho de haber evitado una guerra. Eifen añadió detalles sobre aquellos extraños ninjas y despues dijo que quería ir a Suna de visita - Alguien de Konoha en suna? Eso puede ser peligroso... - Pensó Darak, por lo que decidió hablar - En el caso de que acepten la presencia de Eifen en Suna, me ofrezco como escolta para evitar problemas... Por motivos obvios - No era porque pensase que Eifen necesitase un escolta, sino porque el hecho de ir acompañado por un ninja de Suna daría seguridad y evitaría problemas.


Narro - Hablo - Pienso
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#25
El Señor Feudal y los demás nobles observaron a los tres ninjas y escucharon sus palabras. Sus rostros fueron cambiando conforme la joven relataba la experiencia, e incluso algunos suspiraron aliviados. Las sonrisas se dibujaron en sus rostros y alguno se apresuró a celebrarlo con un trago de vino, pero no el joven Señor Feudal. Su rostro era impasible, como una lápida. Sus ojos se clavaron en la muchacha de Kiri como púas y mantuvo el contacto visual hasta que dejó de hablar. No parecía contento, por lo que los generales y nobles dejaron la celebración para otro momento. Tras un suspiro, el joven señor respondió:

Bueno, al menos se ha evitado un choque total entre nuestros ejércitos. No me congratula oir que mis súbditos tendrán que trabajar para una potencia enemiga, pero si eso logra alimentar a sus familias y evitar una guerra, adelante con ello. - dijo removiendo el contenido de su copa de oro, como si buscase una solución a todo aquello en el fondo de su bebida. Escuchó también lo del pago a modo de indemnización y asintió. Después de todo, lo pagarían los ninjas, no él. Y por último, escuchó el informe acerca de los soldados tan extraños y la petición del ninja de Konoha para entrar a Suna. Dejó a un lado su copa y tomó un pergamino sobre el cual escribió al tiempo que relataba - He oído hablar de esos soldados. Se les conoce como los Jin-Roh. Fueron los responsables de muchas muertes durante la guerra, mi padre me lo relataba de pequeño. No sabía que aún siguiesen en activo, pero es algo que habrá que tener en cuenta para un futuro. Aquí tienes. - dijo entregándole a Eifen el pergamino, previamente sellado con la marca de su linaje - De todos modos te aviso, este papel solo te permitirá una entrada y una salida con vida. Sunagakure aún guarda cierto rencor hacia Konoha, así que ándate con cuidado. - no lo dijo como una amenaza, sino como un aviso. Ante la proposición de Darak de ser su escolta, el Señor Feudal sonrió - Muy amable por tu parte, eso servirá y ayudará en gran medida. Podéis retiraros. Necesito tratar con mis generales el plan de acción a partir de ahora. - dijo volviéndose y marcando con su pluma ciertos puntos en el mapa, para que los nobles los viesen.



Misión Completada
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